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PROBLEMAS SOCIALES Y EL FúTBOL

Curiosidades de los Mundiales: Francia 1998

El Mundial de Francia 98 se celebró en medio de una crisis de identidad que tenía sus arrastres. Las (mal) llamadas minorías exigían no solo formar parte de la historia francesa, sino contarla y ser tratados como ciudadanos. Esta crisis exacerbó la discriminación, el racismo, la violencia y la xenofobia entre la población, la cual se manifestó previo a la Copa del Mundo y paradójicamente superada -por momento- durante y posterior al Mundial.

Tengamos en cuenta que la nación francesa fue fundada sobre la noción de ciudadanos independientes de un territorio.

La base que sostuvo cohesionados a estos ciudadanos por poco más de 100 años fue el relato único que brindaba la historia como instrumento de formación del espíritu cívico. Esto hizo que la historia francesa fuese un contrato abstracto que creaba la figura del ciudadano. Es decir, sujetos de derechos civiles y políticos.

Esa misma historia como aparato ideologizante conciliaba el antiguo régimen -monárquico- con el nuevo orden establecido por la Revolución Francesa y establecía a las raíces más lejanas entre los galos. Sin embargo, este único relato no reconocía las diferencias de clases, religiosas, étnicas, de género, entre otras. Pero a partir de la década del 60 estas diferencias encarnadas en grupos sociales empezaron a florecer y a exigir su reconocimiento dentro de la historia francesa que los invisibilizaban.

Desde entonces no hubo más una Francia -unitaria y republicana-, sino muchas francias que disputan su lugar.

La Francia dominante compuesta por blancos europeos, pero sobre todo capitalistas, se oponía y sigue oponiéndose al reconocimiento no solo de los otros, sino a lo que ellos llaman gentuza. Esta Francia encuentra apoyo en la derecha más reaccionaria, como es el partido Frente Nacional y en figuras como Jean Marie Le Pen.

La derecha francesa -por supuesto- empresarial, reaccionaria y conservadora consideraba a los jugadores de la selección de fútbol de Francia como malos patriotas y malos ciudadanos porque no cantaban La Marseillaise -himno nacional francés-. En el retiro algunos jugadores declararon que no sentían cantar las notas del himno. Entre ellos Chirstian Karembeu, ya que sus antepasados habían sido exhibidos en zoológicos por los franceses.

Además, estos mismos se opusieron a que la selección estuviese integrada por los otros -negros y árabes-, hijos de inmigrantes. Anterior a la Copa del Mundo culpaban a “la gentuza” de los malos resultados deportivos obtenidos en la Eurocopa. El blanco de las críticas fue nada más y nada menos que el joven Zinedine Zidane. En ese sentido, culpaban al seleccionador Aimé Jacquet por no haber convocado a blancos como Eric Cantona y David Ginola, jugadores de gran trayectoria, pero en el declive de sus carreras.

En la ceremonia de apertura de la Copa del Mundo figuraron los grandes grupos étnicos que componen al planeta -amerindios, africanos, europeos y asiáticos-, sin embargo, para el jugador francés Lilliam Thuram se limitaron a representar a los negros africanos como músculo, fuerza y más nada que eso.

Adidas venció a Nike. La marca de las tres barras ganó su quinto campeonato con la selección de Francia. Su jugador estrella Zinedine Zidane se coronó como el mejor jugador del Mundial y ahora mejor jugador del mundo. En cambio la estrella de Nike, Ronaldo Nazario Da Lima, perdió su trono. Sin embargo, Nike le pagó a su estrella mil dólares por hora, incluyendo las horas que dormía y 400 millones de dólares a la selección brasileña. McDonald’s y Coca-Cola daban consejos nutricionales a los atletas y amantes del fútbol. La publicidad se transformó en el arte de mentir y jugar con las emociones.

La selección de fútbol de Francia fue un equipo de “inmigrantes”. La estrella Zinedine Zidane, apodada como el árabe, era descendiente de argelinos.

El otro héroe nacional Liliam Thuram había nacido en Isla Guadalupe. De esa misma isla llegaron los padres del goleador Therry Henry. El mediocampista Patrick Vieira provenía de Senegal. David Trezeguet nacido en Francia pero hijo de argentinos. Se crió en Argentina y regresó a Francia a los 18 años de edad. El mediocampista Christian Karembeu, oriundo de la isla Nueva Caledonia.

El defensor Marcel Desailly de Gana y Youri Djorkaeff descendiente de armenios.

“Una encuesta, publicada en esos días por Le Figaro Magazine, reveló que la mitad de los franceses quería la expulsión de los inmigrantes, pero el doble discurso racista permite ovacionar a los héroes y maldecir a los demás.

“El trofeo mundial fue celebrado por una multitud solo comparable a la que desbordó las calles, hace más de medio siglo, cuando llegó a su fin la ocupación alemana” (Galeano, 2003:69) durante la Segunda Guerra Mundial.

Zizú pasó de ser el villano en la Eurocopa a ser el ídolo máximo de toda Francia. Relegó del trono al gran Platini. Por las calles de Paris gritaban “Zizú président”.

Años después, con un gran abstencionismo la ultraderecha con Jean Marie Le Pen (xenofóbico y racista) parecía ganar la presidencia. Sin embargo, en la segunda vuelta Zizú, preocupado, llamó a los franceses a votar. Fue reelecto Jacques Chirac con el 82% de los votos.

El fútbol de momento puede evolucionar más que la sociedad. Ocurrió en Francia a la medida que les blue superaban a sus rivales. Negros, árabes y blancos celebraron juntos bajo una sola bandera sin renunciar a sus singularidades. Sin embargo, el deporte no puede resolver los problemas sociales y políticos de una sociedad.

En Francia no ocurrió, los problemas quedaron y se agudizaron más tarde. Tampoco se puede delegar en ellos.

Mitos como el deporte alejan a los jóvenes del consumo de drogas (ilegales) y de la violencia, han calado en las sociedades latinoamericanas sin ningún tipo de estudio serio. Desviando presupuestos y recursos de nuestros Estados sin resultados. Eso no significa que el deporte no sea importante, al contrario tiene un lugar y rol a desempeñar, muy distinto al de resolver problemas sociales. Para ello están la política, las ciencias, la cultura y la educación.

El autor es estudiante de sociología de la UP.

 


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