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FúTBOL Y POLíTICA

Curiosidades de los mundiales: Argentina 1978

El Mundial del 78 se celebró en Argentina en medio de una dictadura militar comandada por el general Jorge Rafael Videla. Durante su régimen miles de argentinos fueron asesinados, desaparecidos o torturados. También hubo robos de niños nacidos en los centros de tortura, hijos de mujeres torturadas y desaparecidas. En el contexto internacional se llevaba a cabo la Operación Cóndor en los países del Cono Sur. Consistía en la cooperación y acción entre los Ejércitos y agencias de inteligencia de estos países, con el auspicio, dirección, entrenamiento y financiamiento de la CIA y el Gobierno norteamericano, para frenar a los movimientos populares que exigían, entre tantas cosas, democracia y estrechar las brechas de la desigualdad económica. La operación tenía como objetivo implementar en la región un nuevo modelo económico neoliberal que permanece hasta nuestros días: privatización y externalización de los servicios públicos, focalización de las políticas sociales, etc.

Durante la segunda fase del certamen deportivo, el grupo B se definía entre las selecciones argentina y la brasileña. Brasil se enfrentaba a Polonia, ganando los verdeamarelos 3 a 1. Esperaban la definición entre Argentina y Perú, que terminó 6 a 0 a favor de los locales. Los peruanos jugaron sin ninguna posibilidad de pasar a la siguiente ronda. El pase se lo llevó Argentina, que necesitaba ganar por más de tres goles de diferencia. Lo curioso de esta historia deportiva es que antes de entrar a la cancha los jugadores peruanos fueron visitados por el dictador Videla y Henry Kissinger, exsecretario de seguridad de Estados Unidos y padre intelectual de la Operación Cóndor. Un asesino profesional con premio Nobel. Hasta hoy los jugadores peruanos y argentinos han desmentido cualquier soborno y compra del resultado del partido. Sin embargo, días después de haber finalizado la Copa del Mundo, Videla envió a Perú una donación de toneladas de trigo. No existe prueba que vincule al trigo con el resultado del partido disputado entre ambas selecciones.

Por otra parte, el seleccionador de Argentina, César Luis Menotti, en declaraciones posteriores al Mundial, admitió su simpatía, incluso participación, por la lucha social y cercanía al Partido Comunista de Argentina. De hecho, admitió haber sacado de la cárcel, con su influencia de seleccionador, a compañeros militantes presos por el régimen, salvándoles sus vidas. Lo que indica que mientras la Argentina se preparaba y jugaba el Mundial, su entrenador conocía de la existencia de los campos de tortura, desapariciones y muertes masivas. Dato que nos hace preguntarnos, ¿por qué siendo Menotti un militante con conciencia de clase y en conocimiento de la barbarie militar, aceptó dirigir a la selección del fútbol argentino?

Mientras Argentina jugaba el Mundial, en la Escuela de Mecánica de la Armada, conocida como la ESMA, famosa por ser un campo clandestino de tortura, se transmitían los juegos del Mundial por medio de los altavoces; y a pesar del sufrimiento y las violaciones, los torturados gritaban los goles de su selección y celebraron la obtención de la primera Copa del Mundo por Argentina.

Durante el Mundial, las madres, hoy abuelas, de la Plaza de Mayo, fueron un ejemplo de salud mental, porque se negaron a olvidar en tiempos de la amnesia obligatoria. Gritaron justicia, gritaron por sus hijos, gritaron por sus hijas. Ningún gol las acalló.

Los juegos deportivos son certámenes que, sobre la intención de los deportistas, son utilizados por los gobernantes y empresarios para hacer propaganda política y vender falsas sensaciones de la realidad. También, para construir falsos patriotismos. La patria no está en ninguna selección ni deportista. Los mundiales son circos para los pueblos distraídos, como para los romanos fue el coliseo. Es vasto el conocimiento que se tiene sobre la manera de cómo entretener a través de estos certámenes. Hitler, Mussolini, Videla, la CIA supieron utilizarlos a favor de sus intereses. Varela, el PRD, el CD, el Panameñista, los seudoindependientes y Movin con los Motta también sabrán cómo hacerlo. Griten los goles, pero no dejen de mirar hacia la Asamblea Nacional y el Palacio de las Garzas. Tampoco, nunca renunciemos a las calles. Es nuestra.

Sin duda la participación de Panamá, por vez primera en una Copa del Mundo, nos embarga de entusiasmo a todos los futboleros y a los no también. Es innegable y válido el sentimiento. Sin embargo, el cóndor aún vuela sobre Latinoamérica, y ya no ocupa tanto a los militares, sino a diputados, presidentes, ministros, alcaldes y medios de comunicación. Tal vez ya no necesite torturar, pero sí necesita robar, expoliar y controlar. Los 30 días de Mundial serán un momento propicio para que los gobernantes de nuestro país nos sigan robando descaradamente. No perdamos la atención sobre nuestra realidad social ni sobre las acciones que puedan llevar a cabo nuestros corruptos gobernantes. Seamos como las Abuelas de la Plaza de Mayo.

El autor es estudiante de sociología en la  Universidad de Panamá


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