Buneau Varilla era un francés que residía en Nueva York, quien muy hábilmente, para su beneficio personal, colaboró con los próceres de nuestra independencia y tuvo una participación importante en el logro de esta, independencia que nos convirtió por muchas décadas en una especie de protectorado norteamericano, que tuvo el mérito de hacer posible la construcción del Canal de Panamá. No fue hasta que se firmaron los tratados Torrijos-Carter que logramos nuestra verdadera independencia.
Esta independencia está ahora en peligro porque podríamos convertirnos en un protectorado chino a través de la construcción de un ferrocarril de la provincia de Panamá a la provincia de Chiriquí, ferrocarril este que no necesitamos y que afectaría nuestra economía y nuestra independencia. Torrijos nos liberó de ser un protectorado yankee, pero ahora no lo tenemos con nosotros para evitar convertirnos en un protectorado chino.
Y todo por un ferrocarril que no necesitamos y que, de llegar a construirse, sería un monopolio que fijaría tarifas monopolísticas, no de libre competencia, como lo hacen los busitos, buses y camiones que actualmente dan el servicio.
En 1903 nos vendieron a Estados Unidos y Omar Torrijos nos liberó. Ahora nos quieren vender a China por una tajada de sandía llamada ferrocarril. El tren nos convertiría en colonia china, mientras que una carretera trans-Darién uniría la América Latina, desde México hasta Chile y Argentina, y Panamá sería el puente que enlazaría el norte con el sur a través del corazón de América Latina. Sería nuestra liberación final y definitiva.
A veces tenemos la evidencia enfrente y no la queremos ver. Desde hace casi dos siglos tenemos un ferrocarril entre Panamá y Colón y a lo largo de su ruta hay muy poco desarrollo y escasa población. En cambio, la carretera entre Panamá y Colón, de mucho más reciente construcción, ha convertido el área por donde pasa en una creciente y continua zona de desarrollo y prosperidad.
Esta carretera es una prueba real y visible, indiscutible, al compararla con el área que atraviesa el ferrocarril de Panamá a Colón, de que por donde pasa una carretera, la construcción de un ferrocarril sería un desperdicio inexcusable de recursos, ya que tendríamos que pagar la deuda, los intereses y, tal vez, sacrificar nuestra soberanía.
Podemos transportar carga y pasajeros por la carretera hacia el oeste hasta Canadá, Alaska y Estados Unidos. Pero, por la carretera hacia el este solo podemos llegar hasta Yaviza, en el Darién. Pareciera que tuviéramos un tapón mental al cual le llamamos el tapón del Darién. Nuestro destino es unir mares y continentes.
El Canal de Panamá une al Atlántico con el Pacífico. Pero no hemos logrado unir a América del Sur con América del Norte, y solo nos hacen falta construir un poco más de 30 kilómetros de carretera para llegar a la frontera con Colombia.
Dicen que si nos conectamos con Colombia por carretera se vendrían por allí todos los sudamericanos malos a destruir nuestra paz social, pensando que los malos no pueden caminar por la selva o venir cómodamente sentados en avión, como ya lo están haciendo.
Los buses y camiones transportan pasajeros y carga de un destino final a otro, mientras que un ferrocarril los transportaría de una estación a otra, requiriendo transporte terrestre adicional para llegar al destino final.
Es muy posible que los volúmenes de carga, presentes y futuros, serían insuficientes para pagar el costo de la construcción de un ferrocarril y de los vehículos adicionales requeridos para llegar a los destinos finales.
Lo que no puede viajar por la selva o por aviones es el progreso, que requiere que los tapones se conviertan en cordones de comunicación.
Darién puede y debe, para el progreso y bienestar de Panamá y de las Américas, dejar de ser un tapón y convertirse en el cordón de unión del continente americano, para lo cual no necesitamos un ferrocarril chino, sino la terminación de la carretera Interamericana, de frontera a frontera.
El autor es empresario