“Está difícil”, es la respuesta usual que reciben quienes consultan a un recién graduado con muchas ganas de trabajar, cuando opinan acerca del nicho para chicos de su edad en el mercado laboral local. Las altas exigencias y la poca experiencia en el mundo productivo usualmente son las explicaciones que dan cuando les preguntan el porqué de los obstáculos que enfrentan. Se respaldan las afirmaciones de los jóvenes cuando resultan tan dispares las cifras de desempleo para chicos entre 15 y 24 años -14.7%- versus la tasa de desempleo del país -6%- en 2017.
La pregunta a hacerse es: ¿Se trata de los altos requerimientos del mercado del trabajo o las marcadas debilidades formativas que afectan la capacidad de inserción de la juventud al mundo productivo? Aunque muchos piensen que los extranjeros son la razón principal de los problemas de inserción laboral de los locales, es necesario analizar las razones de fondo que inciden en las oportunidades de trabajo de nuestra juventud y, en general, de los panameños.
¿Por qué los panameños no pueden competir con éxito como lo hacen muchos extranjeros a nivel internacional? La paradoja es qué los inhibe de ser de calidad mundial viviendo en un país naturalmente globalizado.
Panamá es un país de jóvenes. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), a 2016, los menores de 15 años representaban el 27% de la población. Solo en la provincia de Panamá, 114 mil 909 personas son jóvenes entre 20 y 25 años y 120 mil 629 habitantes son chicos entre 15 y 19 años. La juventud es el grupo etario más propenso a sufrir los retos cada vez más marcados del mundo productivo.
La raíz del problema está directamente vinculada a la relación formación - capacidad de inserción al mercado laboral. La calidad de la educación en Panamá no da respuesta a los requerimientos de una sociedad del siglo XXI.
La fuerza laboral inadecuadamente educada (tercer lugar) y la pobre ética de trabajo de la fuerza laboral nacional (quinto lugar) se encuentran entre los 16 principales problemas para hacer negocios en el país, según el Informe Global de Competitividad 2017-2018, elaborado por el Foro Económico Mundial, que analiza la realidad de 137 países. Panamá tiene serios desafíos que se reflejan en lo referente a educación - calidad del sistema educativo (puesto 96), educación superior (lugar 72) y calidad de educación primaria (posición 102). Resulta inaceptable la diferencia abismal con países vecinos como Costa Rica, con índices muy superiores, a pesar de tener recursos y población muy similares - calidad del sistema educativo (puesto 27), educación superior (lugar 52) y calidad de educación primaria (posición 36). Hay una brecha preocupante entre los desafíos de sostenibilidad del modelo de desarrollo y la capacidad del sistema educativo de formar capital humano para atender estos requerimientos.
Urge una transformación integral del sistema educativo, en lo técnico administrativo y técnico docente. Un paso inmediato puede ser la reestructuración de la administración del sistema, o incluso, la creación de una autoridad independiente y autónoma con políticas de Estado a largo plazo y no coyunturales.
Los pilares de sostenibilidad del modelo de desarrollo del país tienen que considerar a la educación como un factor estratégico de inserción, de movilidad económica y social además de una mayor competitividad en el mercado global. En un país en que uno de cada tres niños es pobre, una educación de calidad no es una opción, es un imperativo social. No aceptamos que nuestra niñez y juventud no tengan oportunidades debido a un sistema educativo que se las niega desde el primer día.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación
