Los políticos panameños, sobre todo quienes aspiran a ocupar los cargos de elección popular en nuestra democracia, deberían preguntarse y preguntarle al electorado: ¿cuál es el Panamá que merecemos? La respuesta no es fácil y necesariamente ha de conformarse al bien común, que es la finalidad del Estado y la tarea obligatoria de todos los políticos honestos.
El martes 6 de marzo se les dará una clara respuesta, como la expresada varios meses antes, en forma multitudinaria, en una manifestación de decenas de miles de familias —no de organizaciones políticas o de otras legítimas asociaciones, sino de familias— organizada por la Alianza Panameña por la Vida y la Familia, dirigida por el doctor Juan Francisco de la Guardia Brin y animada por la convocatoria del activo pastor evangélico Edwin Álvarez.
El martes 6 de marzo se llevará a cabo una vez más la marcha por la vida y la familia. Esta vez bajo el lema “el Panamá que merecemos”. Y este Panamá que merecemos ha sido expresado, en diversas ocasiones, por diversas organizaciones y con diversos nombres referidos a objetivos relacionados con la memoria histórica, con la justicia y la lucha contra la corrupción, entre las más acertadas.
Todas ellas llevan implícito, como objetivo, “el Panamá que merecemos”.
La marcha convocada para el 6 de marzo las resume a todas, las supera y las enriquece.
Nuestros problemas, como sociedad, no son solamente la alta corrupción percibida y comprobada en las esferas gubernamentales y privadas, ni solo la delincuencia y el crimen organizado. Esto lo entendieron muy bien los organizadores y principales oradores de la anterior marcha, el doctor de la Guardia y el pastor Edwin Álvarez, dos dirigentes que no andan con rodeos para decir las verdades. Al fondo, el eco de los mensajes provida y familia del arzobispo Ulloa.
Una vez más, esos dos dirigentes y otros, religiosos, laicos, ateos, agnósticos, políticos de partidos e independientes, se unirán a las familias panameñas para fortalecer la lucha en favor del Panamá que merecen nuestras familias tradicionales, cuyo modelo nos llega desde la bíblica Nazaret.
Y esa familia, cuya semilla nace y crece como fruto de la naturaleza humana, está amenazada de muerte por la ideología de género y sus agentes. Ellos ignoran la corrupción que promueven desde su relativismo moral; ellos no temen a la justicia selectiva, pues la exigen para su causa; ni temen al crimen organizado, del que son parte por su promoción del aborto. La ideología de género destruye la memoria histórica, pues ignora las tradiciones culturales; combaten las libertades religiosas, la empresarial y la política, como se ha demostrado en muchos países otrora modelos de democracia.
Ejemplos del antipatriótico activismo de género lo hemos visto en la CSJ, en la Asamblea Nacional (Ley del Piropo), en la Cancillería, apoyando por su cuenta el matrimonio homosexual, y en el Meduca. Para estos abusos, la consigna es: “no es no”.
El autor es docente universitario