Dios, único rey y todopoderoso señor, me ha concedido oportunidades bellas que mucho he disfrutado. Entre ellas, la formación familiar y profesional, la lectura, los deleites de las bellas artes, los hijos y nietos, los buenos amigos y los viajes por toda América y parte de Europa. Todo ello ha influido en mis criterios y análisis objetivos. A él todo le debo y por cuanto me ha dado trato de servir a la humanidad y a la madre tierra. Lo considero mi deber. Es, además, una cosmovisión ancestral.
Para referirme esta vez al concepto democracia, que es una en la teoría y otra en la práctica, empezaré mencionando que esta la defino como la forma de gobernarse - los pueblos - con justicia, libertad y equidad, todo lo que, desde sus inicios, se les ha negado. Cuenta la historia que desde el siglo VI a.C, hasta el siglo XIX, con el “sufragio universal” o gobierno de la mayoría de la población, se empezó y continúa llamándose, democracia. Se dice también, que luego de la “abolición” de la esclavitud… (?)” esta se hizo efectiva (?), aunque, quienes se dice la abolieron en América, luego se desdijeron, y, todavía esta no es realmente tal. ¿Se puede llamar, realmente, democracia al sistema que viene gobernando en occidente y el mundo? ¿Se acabó con la esclavitud? ¿Se reconocen los derechos humanos en el mundo como corresponde, o se manejan antojadiza, selectiva y solapadamente?
Tal vez pudo ser en Atenas –con 300 mil habitantes en esos días– o en Esparta, donde se comenzó con el concepto de democracia y donde no se respetaron los derechos ciudadanos, sino que tenían que plegarse a familias que tenían ese derecho. O sea, que podemos colegir que la democracia nació imperfecta y, cada vez, a lo largo de los siglos, es peor, a través de los esquemas que han venido siendo impuestos. Los políticos, comerciantes e “inversionistas”, se dieron cuenta de que democracia es solo un concepto, no una práctica, y empezaron a explotarla. Niños, hombres, mujeres, esclavos, las grandes mayorías, son educados y domesticados para aceptar las incongruencias, desatinos, crímenes, apropiaciones y robos descarados perpetrados como personas o a través de instituciones, por diferentes actores en las sociedades humanas. Todo es fríamente calculado en un sistema corrupto, cínico, acomodaticio y retrógrado que se ingenian mentes malignas. Judíos y cristianos que en la era romana defendían los derechos de los pobres como iguales e hijos de un mismo y solo Dios, hoy se tratan con violencia y como enemigos.
Antiguamente otros ejemplos se dieron en la India y hacia el siglo XVIII en Norteamérica se habló de democracia, algo que se desconocía en Europa. Algo parecido, como la oligarquía veneciana. Luego, la revolución francesa y su Asamblea Nacional –nada parecido al fraude de la panameña de nuestros días– promulga los derechos del hombre y ciudadano, el sufragio y la “abolición” de la esclavitud que aún es efectiva en países y colonias.
Aparecen los partidos políticos que se encargan de la repartición del pastel Estado a través de cargos e instituciones en los diferentes poderes de este. Presidentes, cortes, congresos, asambleas y todos los entes de gobierno, salvo excepciones progresistas, apestan. Por otro lado, la colonización –que sigue destruyendo, derramando sangre inocente hasta de niños, así como la terminación de la guerra fría…, no son más que parapetos para entretener y confundir. En el fondo se imponen las apropiaciones por la fuerza y muros de ignominia son construidos por los países “líderes” de la “democracia” mundial que criticaban el muro de Berlín. Sin embargo, la humanidad continuará luchando por la independencia y legítima libertad. Se continuará luchando por la igualdad y la equidad que se les niega a las mayorías de la humanidad.
Por más circos, amenazas o invasiones que se den, por más poderes terrenales que se tengan, la justicia llegará para los que la reclaman y merecen, como para los que la infringen desde despachos oficiales o actuaciones personales. Para todos estos criminales, las “medidas cautelares” no existirán. Se impondrá la ley superior donde no hay jueces, asambleas ni cortes corruptas. No habrá tráfico de influencias ni coimas ni archivos ocultos ni arreglos de penas que sean válidas, solo la verdad. En eso creo y confío, y estoy seguro de que el cambio real y necesario, no demora en llegar. Allí se practicará la democracia por la que tanto se continúa sufriendo.
El autor es periodista – analista internacional
