CATALUÑA

Democracia y libertad

Democracia y libertad
Democracia y libertad

Jamás renegaré de mis ancestros ni me doblegaré ante la adversidad ni venderé mi pluma. Llevo sangre catalana por los ancestros de mi madre, como también sangre india auténticamente americana, y me siento orgulloso de ello. Algo pude conocer de boca de mi abuelo, sobre el noble pueblo catalán de sus padres y otro algo he investigado y escuchado sobre este y otros pueblos del viejo continente, que si bien hicieron mucho daño en sus conquistas y colonias, también dejaron algunos elementos positivos. Hubo mucho salvajismo y corrupción en las élites de Europa, así como constantes guerras, de todo lo cual aún quedan rescoldos.

Cataluña, como también se le conoce, hace parte de España con 31,895 km y una población de siete millones quinientos mil habitantes (7.5). Es estimada como principal generadora de riquezas para esa corona y gobierno. Su deseo de ser independiente no es nuevo, pero se ha reforzado con la serie de errores -internos e internacionales-, arbitrariedades, despilfarro y corrupción que vienen sumiendo a todo el gran pueblo de ese país en sufrimiento y desengaños. Basta ver las actuaciones de gobiernos como el de Aznar y Rajoy, así como las de miembros de una “corona” exigidos ante estrados judiciales por fundados y posibles actos de corrupción, mientras el pueblo sufre todo tipo de precariedades que los pone a emigrar como parias.

La celebración del referéndum separatista del 1 de octubre pasado demuestra la fortaleza e irrevocable aspiración y necesidad del pueblo catalán de separarse de España. Es su legítimo derecho, aunque una Constitución amañada pretenda negárselo, y aunque un régimen de gobierno –supuestamente democrático– haya hecho gala de las más impresionantes arbitrariedades y atropellos contra un pueblo civilizado, para impedir la cecelebración de un acto completamente democrático, como lo es un referéndum, o una constituyente originaria. Es allí donde el pueblo, como soberano de un país, hace valer sus derechos. Esos son los medios que garantizan una democracia, que el gobierno de España –y otros- de hoy, no entienden ni aceptan. No obstante, ante tantos desatinos, más de dos millones y medio de votantes desafiaron a los antimotines de Rajoy y fueron a votar en el referéndum, en el que el 90% de los votos fueron por el “sí”, y solo 176 mil por el “no”, no sin quedar un millar de heridos en los hospitales y cientos detenidos, luego de una serie de abusos y de una campaña mediática falseada, así como las previas políticas del miedo para arredrar a la población.

Con todo este desarrollo de acontecimientos y resultados, el señor Rajoy sostiene que “el referéndum no ha existido” y pretende culpar al pueblo catalán de los atropellos de que fueron víctimas. ¡Cuánto descaro! La Corte Internacional de Justicia (ONU) avaló la independencia de Kosovo en febrero de 2008 y fue clara en señalar que su Declaración de Independencia “no violó el Derecho Internacional”. Sin embargo, España es el único país que no lo reconoce. Ya antes, Rodesia del Sur (Zimbabwe), África, había desafiado la oprobiosa colonización de que lo hizo víctima el “Reino” Unido a gran cantidad de pueblos y países de ese y otros continentes. Hoy, hay presagios de que algunos gobernantes supremacistas y antidemócratas desean reimplantarlo.

El mal llamado Tribunal Constitucional de España, ha tratado de invalidar los derechos legítimos de Cataluña y su pueblo, tratando de suspender la Ley de Transitoriedad catalana, violando todo principio democrático y normativa internacional. Luego de los resultados del referéndum, no cabe más que aceptarlos, pues este es vinculante. La mediación internacional debe ser consecuente con sus deberes y con las normas democráticas que rigen estas situaciones. Todo ha estado a la vista, a pesar de que partes interesadas han tratado de ocultar la verdad de los hechos y tergiversar las cosas para confundir, recursos ya conocidos. La gendarmería que envió Rajoy para amedrentarlos y someterlos con métodos violentos, debe salir de Cataluña y el gobierno debe hacerse responsable por sus desmanes. Es de esperar que en la UE, tan desunida y penetrada, impere la justicia y la sensatez y no continúen por los caminos erráticos, internos e internacionales, por los que vienen transitando. Sus pueblos lo merecen y el mundo lo reclama y necesita.

El autor es periodista-analista internacional


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