En los últimos cinco años, la economía panameña viene decayendo en su nivel de crecimiento económico, desde un 11% en 2013 a un 3.7 % del PIB el último año 2018 .
Los economistas hemos denominado a este fenómeno “desaceleración económica”, ya que si bien seguimos creciendo, lo hacemos a ritmos menores que los experimentados en quinquenios anteriores.
¿Cuáles son las causales de esta situación y qué se puede hacer para salir de ella?
La conclusión de las obras del Canal en el año 2016 seguro han tenido un efecto en la desaceleración económica por la magnitud del proyecto, que empleaba a 40 mil personas en su momento, sin embargo, esta no ha sido la única causa.
La pérdida de la imagen internacional de Panamá por los llamados “Panamá Papers”, sumado a las medidas regulatorias que se tomaron como consecuencia de este escándalo y la presión de la OECD, impactaron fuertemente a este sector y sus negocios colaterales, provocando que muchos clientes y sus negocios se fueran a otras latitudes.
Otra causal ha sido el encarecimiento de bienes y servicios en Panamá debido al fortalecimiento del dólar frente a las monedas de otros países, lo que hace a Panamá relativamente más cara versus nuestros vecinos de la región, aunado al incremento desmedido del salario mínimo en años recientes, lo que ha contribuido al decaimiento de la economía, sobre todo en el sector construcción y turismo, pero también en los negocios internacionales que observan a Panamá con más cuidado por su imagen de país “opaco“ con costos relativamente altos para turistear u operar.
La falta de capacidad del Estado, especialmente del gobierno central, para generar ahorro y por ende mayor inversión pública, sumado a su falta de ejecución, ha mermado el impacto de la inversión pública en la economía. En el año 2018, el Gobierno ahorró solamente 4.2% del PIB, lo que le permitió invertir un 6.2 % del PIB anual versus 9%-10% en años anteriores y, por su parte, el sector privado, principal motor de la economía, se ha visto afectado por un bajón en la demanda de viviendas de alto costo y en el sector comercial, existiendo actualmente una sobreoferta de locales que dificulta su reactivación.
Adicionalmente, el exceso de regulaciones y papeleo para abrir negocios y operarlos contribuye a la asfixia de los pequeños y medianos empresarios, que han aumentado el costo de operación de hacer negocios a un nivel tal que asfixian la actividad de los pequeños y medianos que tendrán que fusionarse para poder sobrevivir y competir en este mercado.
Ante este panorama, las APP (asociaciones público-privadas) ofrecen una alternativa para apalancar la inversión en infraestructura y servicios públicos, ya que son un instrumento para financiar proyectos que tengan una demanda tal que permita el repago de la inversión en un plazo razonable.
Hay que intensificar la campaña para limpiar la imagen de Panamá con una buena estrategia, mostrándole al mundo los esfuerzos que se han hecho en prevenir el lavado de dinero y el terrorismo en nuestra plaza, así como para promover el estado de derecho, esto es de vital importancia para eliminar la calificación de país de alto riesgo que nos tienen muchos países con los que comerciamos y que encarecen las transacciones.
También debemos tomar medidas de promoción y apoyo a la inversión privada, especialmente a la extranjera, que nos provee de divisas y de tecnología, eliminando la burocracia y el papeleo, fortaleciendo las áreas especiales de la economía, como son Panamá Pacífico, Tocumen, la Zona libre de Colón y la Ciudad del Saber, para profundizar nuestra vocación de hub de las Américas ya no solo en tránsito de pasajeros sino en servicios de valor agregado, en logística, manufactura, salud y otras industrias que generen empleo y divisas al país, así como la agricultura, que deberá tecnificarse y orientarla hacia la exportación.
En síntesis, es hora de pasar a una nueva etapa de mayor productividad y eficiencia en el gasto público y la inversión privada, de manera tal que nuestro país vuelva a retomar el camino del crecimiento para alcanzar un desarrollo inclusivo y sostenible de nuestra economía, al tiempo que restauramos la buena imagen de nuestro país.
El autor es economista, exministro de Economía y Finanzas
