Panamá, caracterizada por un modelo de prestación de servicio, basado en su posición geográfica y un canal por el cual transitan productos para el comercio mundial, y donde la consigna de los empresarios es “compra barato y vende caro”, es la instalación ideal para un enclave financiero soporte del comercio internacional.
Resulta urgente una reingeniería del pensum académico de las universidades públicas, responsables de la mayoría de las profesiones sustentadoras de la economía nacional. La sociedad reclama respuestas en los servicios públicos de salud, educación, seguridad, vivienda, agua, cultura, a los gobiernos incapaces de resolver esta problemática.
Con 10 provincias y 3 comarcas en una extensión territorial de 75,517 km2 y con un PIB per cápita superior al de muchos países de Latinoamérica, Panamá muestra escenarios de pobreza extrema en áreas urbanas y rurales, producto del modelo económico.
Los centros de estudios superiores, tanto públicos como privados, con presencia en toda la geografía nacional, reproducen una oferta académica desfasada y que no ofrece oportunidades adecuadas para la fuerza de trabajo del país. Solo en Chiriquí existe con pertinencia el laboratorio de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Panamá. En Darién, cuya riqueza agropecuaria es evidente, técnicas de cultivo, producción de alimentos, recursos primarios maderables, no reciben tratamiento acorde con las carreras impartidas. La provincia de Veraguas, única con dos costas, carece de licenciaturas y carreras técnicas que incentiven la industria pesquera y el estudio de su rica flora y fauna. En Bocas del Toro las carreras técnicas y universitarias no corresponden a la realidad, resultando explotada turísticamente por empresarios foráneos.
La falta de educación profesional acorde a las necesidades laborales y la carencia de ofertas académicas apropiadas generan una distribución irregular de la oferta de empleo en el territorio nacional. Anualmente, cientos de estudiantes se trasladan del interior del país a la capital buscando formación académica de nivel superior.
La centralización de la educación y un modelo de negocio basado en el servicio, donde la industria nacional ha sido poco explotada. Todo esto conlleva a un bajo porcentaje de oportunidades de desarrollo profesional en el interior del país, además de bajas remuneraciones salariales y un alto índice de migración hacia la capital en busca de mejores oportunidades.
Nuestra educación necesita reinventarse con alianzas estratégicas positivas, cuyos fines y objetivos hagan posible el surgimiento de una economía realmente sostenible, tanto con un modelo de negocio integrado y donde prevalezca el beneficio de todos y no del exclusivo círculo de algunos.
La autora es estudiante de maestría en la UIP