La Prensa del domingo 11 de febrero de 2018 nos presenta un artículo intitulado “45 mil jóvenes están sin trabajo”; en el cual atina en alguna medida con las causas del problema; pero, desafortunadamente, no en otras medulares. Sabemos que la educación y la capacitación son deficientes, pero el asunto va mucho más allá; tal como cuando se destaca que el desempleo promedia un 6%, pero entre los jóvenes sube al 14.7%. El artículo pasa a informar de “especialistas” que aluden “razones estructurales”; con lo cual no dicen nada. “El edificio se desplomó por razones estructurales”. Seguro que no será por razones siderales. Pero en otros casos aciertan, como cuando destacan que se contrata más por actitud que por un título que no garantiza nada.
Sin embargo, lo que no dicen, o no saben, es que los jóvenes, por decreto, están condenados al desempleo. ¿Cuán difícil de entender es que si subes el precio del molde de pan a $20, pocos van a comprarlo? Y peor si es pan de mala calidad. En la medida en que los populistas gubernamentales aumentan el salario mínimo, estarán condenando a los jóvenes al desempleo. La única buena política de mercado es que sea libre; y si eso no funciona, la politiquería menos. Y más aún, si eso no funciona, se debe a que la politiquería ha trastocado las cosas.
Una muestra patente de ignorar las leyes de la economía es cuando se habla de living wage, lo cual se traduce a algo así como “salario de subsistencia, o vital, digno, decente, para vivir y tal. Cuando compras una empanada es para comértela… y no por cooperar con el vendedor. Aunque suene duro, la realidad es que al trabajador se le paga por su trabajo y no por otras razones. Si eres trabajador en una empresa del sector formal, te salvaste; pero el de la fonda informal… mala suerte.
Luego dice el artículo que “la economía formal exige más de 13 años de escolaridad”. Podrán tener mil años de escolaridad, pero si la misma es deficiente de más, de nada sirve. Entonces, insisten en que los jóvenes deben “permanecer en el sistema educativo para que garantice su inserción laboral…”. Yo diría todo lo contrario; que salgan huyendo lo antes posible de la estafa. Mejor educación se podrá lograr trabajando que presos en las mazmorras del Meduca.
Me enlutece cuando dicen que “la economía en Panamá avanza a toda máquina…”. ¿En qué universo viven? La pregunta sería: “Avanza a toda máquina ¿hacia dónde? Y si a todo ello añadimos la incertidumbre de los cambios que nos presentan las tecnologías disruptivas nacientes, entonces sí que el panorama se torna incierto.
Ya en EU varias de las mayores franquicias de alimentos rápidos están reemplazando a sus trabajadores, mayormente jóvenes, con robots; precisamente porque al subir los salarios mínimos, están haciendo más económica la conversión robótica; lo cual se traducirá en una necesidad de capacitar a los jóvenes para ser empresarios, o como dicen algunos “empresaurios”, y no “laboreros”. Y, precisamente, eso de “empresaurios” es elocuente prueba de la cultura disfuncional que hemos promovido en nuestro país. Algo así como: “Empresario es malo, trabajador, bueno”. De una forma u otra ¡todos somos empresarios!, ya sea que trabajamos a cuenta propia o en colaboración con otros.
El autor es presidente de Goehtals Consulting Corp.
