JMJ

Dimos la talla y más

Amaneció el lunes y la ciudad estaba limpia. Amaneció el lunes y volvimos a la realidad; porque estos días vividos nos pusieron en pausa. Pero que pausa tan bien llevada, y tan bien vivida por el panameño. Al César lo que es del César, y al presidente Varela, tan criticado por “la ocurrencia de traer a tanta gente a Panamá”, gracias por promoverlo.

Las primeras palabras del papa en Cancillería, donde citó a Bolívar con la célebre frase de que si el mundo hubiese de escoger su capital, el istmo de Panamá sería escogido para ese augusto destino, llamándonos el “hub de la esperanza”, sentó la tónica. Así he visto al panameño de todos los credos, esperanzados con el mañana. Hemos sido anfitriones de lujo, porque hemos dado desde el corazón. Abrimos nuestros hogares a extraños y les dimos de nuestro pan y de nuestro arroz. Qué espectáculo ver cómo para subir al bus dejábamos a otros pasar primero, cómo el panameño de a pie recogía la basura que rebosaba los tinacos, cómo se les entregó agua, cómo sonreímos, cómo compatimos su mate… cómo dijimos sí.

Me quito el sombrero ante los miles de voluntarios que silenciosos dejaron a un lado su vida personal por servirle al país, porque, quedemos claro, no lo hicieron para servir al papa Francisco, sino para hacer que el país de todos brillara, como efectivamente brilló; irradiamos. Y como ellos, dieron también el mil por uno los miembros de la Policía en todos sus estamentos, los sacerdotes locales, los periodistas, los bomberos, las hormiguitas, los taxistas. Todos. Este encuentro nos deja lecciones que no podemos desaprovechar. Nos ha permitido vernos como podemos ser, nos ha permitido vernos como podemos seguir siendo… porque nuestra radiografía dice “noble” por dentro. Gracias, Panamá. Me enorgulleces.

¿Qué recuerdos atesoro? La foto del joven Lucas tomada por Carlos Yap que capta el momento en que sus amigos lo levantan en su silla de ruedas para que el papa lo bendiga; en la vigilia, cuando el sol caía y a contraluz se recortaba la figura de un camarógrafo de la NBC y escuchamos ese maravilloso discurso donde decía que los jóvenes no son el futuro, sino el hoy; cuando en la línea 2 llegando a Pedregal, 100 voces cantaban con pandereta, cuatro y trompeta el aleluya; y, el hermosísimo rostro de la estatua de la Virgen de Fátima esperándonos cada día en el parque.

Frases imperdibles del papa Francisco: “No importan las diferencias, jueguen por un sueño común y ese sueño es Cristo” o cuando nos dice que podemos influenciar a otros con nuestro ejemplo, como la Virgen lo sabe hacer, que la usemos como intercesora, pues es la “influencer de Dios”. Pero creo que una frase que debemos hacer viva, dado que estamos por iniciar campaña electoral para que no se nos olvide a la hora de votar: “El servicio público es sinónimo de honestidad y justicia y antónimo de cualquier forma de corrupción”. Conozcamos a nuestros diputados, examinemos su historial, sus ausencias, sopesemos todo lo que de ellos nos abochorna. Debemos ser ciudadanos informados y servir desde donde podamos, desde la trinchera en que nos movamos. Mi deseo: que no olvidemos lo vivido en los días de la JMJ, que las próximas campañas sean decentes, donde el altruismo que vivimos no se nos olvide y donde por sobre todo interés propio, prime el interés de la patria.

La autora es documentalista

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