Los cinéfilos intuyen la calidad de una cinta cinematográfica desde el primer minuto, los amantes de la literatura reconocen el valor de una novela o un cuento desde su primer párrafo, de igual manera un analista político reconoce la importancia del contenido del discurso de posesión de un presidente de la República, que por ser el primero, revela y anuncia su visión de gobierno, dejando ver las repercusiones y alcances en el mediano plazo, por tal motivo lo sucedido el martes pasado en la plaza de Bolívar de Bogotá, el 7 de agosto de 2018, con los discursos de posesión del presidente de Colombia señor Iván Duque, y el de bienvenida del presidente del Congreso señor Ernesto Macías, amigo íntimo del nuevo presidente y recomendado por él en ese cargo, dejan muchas preguntas y preocupaciones en el ambiente político de Colombia; es muy temprano para sentenciar el futuro, pero los discursos fueron preparados con todo el cuidado por expertos, lo que hace presentir un futuro gris en los próximos días para la historia de un país que hace menos de dos años inició un camino de superación de los últimos 62 años de violencia, originada por las mismas causas que las otras 80 guerras generadas en 200 años de existencia como República.
Si revisamos la nuez de los discursos, son aparentes las contradicciones, propias de una mediocre trama cinematográfica o literaria, en la que siempre existe un villano y un héroe, uno malo y un o bueno, fueron discursos famélicos y pueriles en sus argumentos, que en su forma parecían diferentes, pero en el fondo eran complementarios y marcan los derroteros de cuatro años de un destino indeseado, en contravía de una nación que añora, necesita y exige de la paz.
La paz no se logra con amenazas e intimidación a la justicia, desconociendo el conflicto armado y sus orígenes, tampoco demeritando los logros de los acuerdos de La Habana, que tanto bien le han traído a Colombia y que por lo menos han salvado la vida a más de 3 mil personas en los últimos dos años. Mucho menos desconociendo la historia de guerras y acuerdos de paz de Colombia en su bicentenario, recrudecido en los últimos 60 años, producto de la desigualdad, que ha convertido a este país sudamericano en el tercero más desigual del mundo, superando solo a Haití y Angola, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Si la novedad del nuevo presidente de Colombia es proponer un pacto para garantizar: unidad, legalidad y emprendimiento, debe demostrar en la práctica la independencia de los poderes Legislativo y Judicial, hacer un pacto con el pueblo colombiano, y no con el Congreso elegido recientemente, ni con las cortes, él como máximo líder debe garantizar la defensa y respeto por los acuerdos de La Habana, para avanzar en la construcción de la paz de Colombia.
Este discurso no deja de tener un tufillo diferente al de desenterrar una ideología que intenta desconocer la historia, por eso revivirla, cuidarla y darle continuidad a los tres huevitos de su mentor, es el objetivo de estos cuatro años: http://www.alvarouribevelez.com.co/es/content/teoria-de-los-tres-huevitos, queda claro esta intuición en lo dicho en este discurso presidencial, que solo cambia la retórica, pero confirma que no se distanciará del hoy senador de la República ni de sus pretensiones ideológicas, porque para ambos está claro que la diferencia entre los colombianos no puede coexistir, ni la diversidad de pensamiento es posible, porque para ambos esta visión del gobierno y del Estado que proclaman, no permite disociación entre izquierda y derecha, todos somos Colombia.
Por fortuna, como otra consecuencia de los acuerdos de La Habana, Colombia goza de una ley, desde el 20 de julio de 2018, con el precepto constitucional de que la oposición “es un derecho fundamental autónomo que goza de especial protección por el Estado y las autoridades públicas”. Este hecho hace que se reconozca a Colombia como una nación que avanza en democracia, y que la oposición hoy más que en ningún otro momento de su historia republicana, podrá ser escuchada con más fuerza en los tribunales internacionales, y tendrá un gran acompañamiento de la comunidad internacional para garantizar los acuerdos de La Habana, los mismos que son la base para la construcción de cualquier pacto con las ciudadanías libres, para evitar que el pueblo colombiano regrese a la guerra que tanto dolor causó y sigue causando a las comunidades más vulnerables, a los defensores de derechos humanos, educadores, líderes comunitarios y a las minorías de todo tipo.
El autor es escritor y analista político