Cada vez que escucho a una persona defender a un partido político me pregunto si lo hace por convicción, coacción, supervivencia o simple oportunismo para alcanzar los beneficios que ostentan quienes están en la cúpula. Pero es casi imposible aclarar mi duda, pues todos contestan que lo hacen por convicción; otros dirán, en voz baja, que actúan por coacción o supervivencia, pero jamás escucharás que su defensa es por simple y llana rebusca.
Siempre habrá algunos militantes que, atrapados en la nostalgia del debate ideológico o por falta de malicia mantienen sus convicciones políticas. No obstante, el grueso de la membresía se distribuye entre los que están por supervivencia y coacción, aunque cabe anotar que muchos, frustrados, aprenderán que con el “juega vivo” es como logran las cosas; y empezarán a actuar igual que los líderes que pertenecen al círculo cerrado de alguna estructura política y ocupan la última de las categorías: los oportunistas que lo ven todo como negocio o rebusca, dejando en último término a quienes le han dado la razón de sus funciones, haciéndole un gran daño a la democracia.
Lo más preocupante es que cada vez se arraiga más la naturaleza con que se acepta este accionar, y se piensa que entrar en política es, lógica e inexorablemente, buscar la manera “fácil” de hacerse rico. El mal ejemplo no solo está en lo que concierne a los aparentes casos de corrupción, sino en la falta de auténtica humildad, en la poca entrega al trabajo y, sobre todo, en la falta de solvencia moral y ética, elementos importantes y cuya omisión o distorsión en su ejecución, serán consumidos por la ciudadanía, dando como resultado una sociedad cada vez más apática y abandonada en sí misma.
Esta tendencia irá en aumento, mientras los ciudadanos se hagan de la vista gorda frente a situaciones que van desde malas prácticas políticas hasta escandalosos casos de corrupción, y todo lo que ello representa, como la creación de vínculos con el narcotráfico y las mafias, realidad que ha puesto a otros países en situaciones críticas. Iremos por el mismo camino, si no dejamos esa fantasía de que en algún momento nos tocará estar en la “papa” o que el amigo del amigo nos pondrá a “vivir”, embargando así nuestro pensamiento crítico y conducta cívica solo por seguirle el juego a señores cuyas promesas de educación, salud y seguridad son solo un discurso bonito para las elecciones, y cortinas de humo para tapar sus verdaderas intenciones que, en el mejor de los casos, es darse buena vida en alguna silla, con jerarquía y buen salario, sin resolver nada y con nuestra plata.

