[EMBROLLO DIPLOMÁTICO]

Disyuntiva de hierro

Preservar la imagen del Mercosur ante un mayor agravamiento de la situación en Venezuela, explicaría la postergación de la entrega a ese país de la presidencia ‘pro tempore’.

Disyuntiva de hierro
Disyuntiva de hierro

Menudo aprieto lo de la entrega de la presidencia pro tempore del Mercosur a Venezuela. Una disyuntiva nada fácil para los países fundadores, la que no quedó resuelta ni de cerca, el lunes 11 en la reunión a nivel de cancillerías celebrada en Montevideo, Uruguay. Se vuelven a reunir este jueves. Difícil adivinar lo que pasará.

La reunión, para resolver el embrollo, era entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, pero permitieron la participación de la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, que no estaba invitada y que no ayudó en nada. Al que no dejaron entrar fue al embajador de Bolivia, que también se hizo presente con mandato de su presidente. Evo Morales pretendía remarcar su solidaridad bolivariana y al tiempo “acompañar” al Gobierno uruguayo –que ocupa hasta ahora la presidencia pro tempore– que había anunciado su decisión de traspasar el mando a Venezuela.

Ese tramite, precisamente, fue el que se complicó por la decidida oposición de Paraguay a que Venezuela asumiera, por no cumplir con la cláusula democrática (Protocolo de Ushuaia). Tras los paraguayos se sumó Brasil, con algunos otros argumentos y el tema se empantanó.

El argumento de Uruguay era de que se trata de un trámite jurídico y corresponde cumplirlo. En realidad la inquietud del presidente Tabaré Vázquez era salirse de eso cuanto antes, con el menor ruido posible –ni se citaba una cumbre presidencial como era de orden– y de ese modo esquivar problemas internos de su partido, el Frente Amplio, en donde una mayoría apoya a Venezuela en forma incondicional.

El tema jurídico alegado no ha tenido mucha fuerza ante la argumentación paraguaya –“la cláusula”– y las de Brasil por los “incumplimientos” de la propia Venezuela de varias exigencias y normas del Mercosur.

Otro elemento en consideración es la necesidad de intensificar en este período –en que Nicolás Maduro estaría al frente– las negociaciones para un acuerdo de libre comercio con la Comunidad Europea, al que se opone Venezuela en el seno de la organización.

Hay razones más fuertes todavía, aunque se repiten en voz baja y en los pasillos, y tienen que ver con la responsabilidad de los miembros de preservar la imagen del Mercosur, y la propia, ante el riesgo de un mayor agravamiento de la situación venezolana. Al régimen bolivariano le va quedando el apoyo de la Unasur –y cada vez menos sólido– y de José Luis Rodríguez Zapatero. La fundamentación del canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa de que se trata de una “democracia autoritaria” en la que funciona una Asamblea Nacional con mayoría opositora, electa legítimamente, también pierde fuerza. En los patios del Palacio Santos –sede de la cancillería uruguaya– la visión entre los delegados es otra: “¿democracia?, ¿con presos políticos?, ¿sin libertad de prensa?, ¿con comité y comisarios de barrio y para el abastecimiento?, ¿con represión de las organizaciones sociales? y ¿con hostigamiento a los opositores?”.

“¿De qué democracia se habla?”, preguntó privadamente, por ahora, un miembro de la representación de Argentina, el país que se ha mantenido más equidistante. “En cualquier momento eliminan o disuelven la Asamblea Nacional o le quitan todos los poderes por resolución de la Justicia o el Tribunal Electoral y nos escracha a todos”, alertó el diplomático del país vecino.

La propia actuación de la canciller Rodríguez alimentó más temores. Anunció que este jueves se haría el traspaso, lo que tuvo que ser desmentido por el propio Nin Novoa, y dijo que los representantes de Brasil y Paraguay se escondieron en los baños.

El análisis de uno de los corresponsales presentes fue lapidario: “Eso es lo que asusta a Itamarati y a todos: el vocabulario, el abuso, la falta de respeto. Tienen que sopesarlo mucho antes de cederle semejante tribuna a Maduro; puede utilizarla para lo que sea y decir cualquier cosa, como es de estilo. Y peor en estos momentos, en que, como dijo el expresidente uruguayo José Mujica, “está más loco que una cabra”.

Se entiende que es una decisión para no tomar a la ligera, ni para un lado ni para el otro. Ahora ¿postergarla?, ¿hasta cuándo? En algún momento deberán decidirlo.


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