La paradoja de América Latina (AL) es que, a pesar de lograr, en la última década, un crecimiento económico que hizo posible la reducción de los índices de pobreza a sus más bajos niveles en los últimos 30 años, continúa siendo la región más desigual del mundo y su progreso social, inestable. En el caso de Panamá, a pesar de haber duplicado su ingreso per cápita en 10 años, se ubica entre los 10 países más desiguales. Los datos evidencian la ausencia de incidencia del crecimiento económico en el desarrollo social. La situación empeora entre los jóvenes, una población vulnerable, en la que uno de cada cuatro, es pobre y 7 de cada 10, no tiene acceso a la educación.
Se prevé que Panamá, en 2018, tendrá el PIB per cápita más alto de AL. Puede aprender valiosas lecciones de Chile, país que en la actualidad lidera la región con su PIB per cápita. Chile lleva años luchando contra la incongruencia de ser un país económicamente próspero, con grandes retos de desigualdad. Panamá, por motivos distintos, enfrenta similares desafíos.
Chile ha hecho grandes esfuerzos por mejorar su sistema educativo. Aunque se destaca por los buenos resultados obtenidos en evaluaciones internacionales con relación a AL, su desempeño no alcanza los niveles mínimos establecidos internacionalmente. Mario Waissbluth, fundador de Educación 2020, no exagera al afirmar que “somos un continente de analfabetos funcionales”, en el que la mayor parte de sus jóvenes y adultos no comprende un texto simple o puede realizar un cálculo básico para su vida diaria. Se torna imposible imaginar cómo un país puede crecer de forma sostenida si está perdiendo el potencial humano de la mayoría de su población.
AL como región tiene carencias que incrementan la brecha de inequidad al no haber acceso a educación de calidad para todos. Esfuerzos educativos en todo el continente no han sido ni consistentes ni eficaces en hacer efectivo el derecho a aprender con calidad, en especial, en el caso de los más pobres. Necesitamos transformar esta realidad, ya que la educación ha probado ser un efectivo nivelador social, capaz de romper los ciclos de pobreza.
Con el objetivo de intercambiar experiencias y construir soluciones colectivas, Unidos por la Educación, Jóvenes Unidos por la Educación y Educación 2020 de Chile inician un programa de transferencia de conocimiento y experiencias educativas, que debe culminar en la implementación de un laboratorio de incidencia en política educativa en nuestro país. Se sabe que no es suficiente aumentar la cobertura o incrementar los años de escolaridad si no hay una mejora en la calidad educativa. Las escuelas y estudiantes más vulnerables han de tener los mejores docentes. Otras importantes lecciones son que las iniciativas para la atención de la primera infancia son críticas y que es crucial lograr que todos los estudiantes culminen la secundaria.
La desigualdad se está convirtiendo en una enfermedad crónica a pesar de los importantes avances económicos. Urge promover una educación de calidad para todos si queremos construir una sociedad más equitativa y sostenible. No estamos solos en esta lucha: somos una región con problema similares y soluciones diversas. Transfiriendo conocimientos y compartiendo experiencias, podremos alcanzar nuestras metas y, más importante aún, en menor tiempo y cometiendo menos errores, gracias al aprendizaje colaborativo. No tenemos derecho a negar el desarrollo humano y social a niños y jóvenes que tienen derecho a aprender con calidad. Ese es nuestro verdadero desafío y primera tarea como país y como región. Prosperidad sin equidad no tiene sentido.
La autora es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación
