Iniciamos nuestro escrito con concepciones expresadas por varios autores, Sigmund y Anna Freud, Alexander, Staub y Adler, Osvaldo Tieghi, entre otros, que concluyen “que a los niños hay que inculcarles preceptos educativos de control y socialización para prevenir conductas peligrosas”.
Por esto, queremos despertar en el educador, en la sociedad y en las instituciones públicas y privadas información desde la perspectiva de las tendencias actuales sobre el delito, el delincuente, la víctima y el control social, que nos permita tener un conocimiento y la comprensión del fenómeno social delincuencial en su entorno comunitario, promoviendo en la sociedad modelos y normas comunitarias durante la primera adolescencia.
Charles Darwin enjuiciaba que: “una creencia inculcada constantemente durante los primeros años de la vida, cuando el cerebro es más impresionable, parece que llega a adquirir la naturaleza de un instinto; y la verdadera esencia de un instinto es que se obedece, independientemente de la razón”.
Por lo tanto, es importante relacionar las conductas desviadas desde la niñez, a procesos relacionados con la educación que tendrán influencia en las conductas antisociales, ya sea para evitarlas y/o controlarlas, y cuando aparecen en la vida de las personas, es entonces que a través de programas efectivos y reales educacionales podemos minimizar, reducir y prevenir la criminalidad desde esa primera infancia, lo cual hoy nos evitaría las amenazas y sanciones.
Somos del criterio de la importancia del estudio de la criminogénesis durante la primera infancia y por ende, se debe incorporar profesionales de estas ciencias criminológicas en las instancias educativas y dar el soporte que se necesita para crear una formación oportuna, adecuada en materia social, a partir de temprana edad,
Cabe destacar que debemos desarrollar prácticas restaurativas en la comunidad para manejar los conflictos y las tensiones, reparando el daño y forjando las relaciones para el rescate de valores en los estudiantes, a través de mecanismos fundamentales, como la familia, la escuela, los amigos y el entorno social, como promotores de los valores a través de los factores sociales y psicológicos, mediante enfoque proactivo, en vez de reactivo.
Podemos señalar que existen herramientas que están a la mano, solo hay que tomarlas, y a la vez nos permita que este flagelo de delincuencia no siga apolillando a nuestra niñez y juventud, toda vez que existen profesionales en criminología que quieren una oportunidad para aportar y contribuir a la paz social, mejorar la calidad de vida y la dignidad humana de nuestro país como tarea primordial
Para finalizar, Rosseau opinaba que “la manera de evitar el peligro en sociedad era conduciendo a la persona a depender de ciertas cosas, esas cosas son los libros”.
Juntos trabajemos a favor de la paz y la convivencia pacífica.
El autor es docente - abogado - mediador