Como jóvenes, podemos incidir de manera positiva en nuestras comunidades, en nuestro país y en el mundo. Para ello, no necesitas ser político. El componente crucial y de impacto es educación incluyente y de calidad.
Ante el reto que implica un sistema educativo que fuera concebido hace cien años, esperar que un gobierno lo resuelva puede resultar inútil y frustrante.
Nuestra juventud no es ajena e indiferente a los problemas sociales, económicos y políticos. Ese tiempo de letargo y de silencio aparentemente indiferente se acabó. Nuestra juventud es la que hoy toma las armas del conocimiento y lucha por una revolución educativa como dijo el Administrador del Canal, Jorge Luis Quijano, hace dos días, en la ceremonia de cierre del Laboratorio Latinoaméricano de Acción Ciudadana (LLAC).
El sistema educativo está preparando a ciudadanos, no para el futuro, sino para el pasado. Buscar un culpable es una pérdida de tiempo y de oportunidades para mejorar. La acción es hacernos responsables y asumir el cambio. Es allí cuando asumimos el rol de protagonistas,150 jóvenes de todas las provincias y de dos comarcas quienes, con el apoyo del Canal de Panamá y de Jóvenes Unidos por La Educación, formamos parte del primer LLAC.
De esta valiosa experiencia, nacieron 15 proyectos de incidencia ciudadana, con experiencias de intervención en escuelas, ONGs y comunidades. Nuestro propósito es impactar de manera positiva en la vida presente y futura de niños, adolescentes y adultos de todo el país.
Nuestra educación necesita muchos cambios y esto se ve reflejado en los resultados de participación de Panamá en las pruebas Pisa en 2009. Ocupamos la posición número 62, a solo 3 puestos del peor calificado. Se repiten los resultados decepcionantes en la prueba TERCE y en las pruebas anuales Crecer. Esto es inaceptable en un país que se jacta de tener una economía pujante. La riqueza avanza, pero las viejas costumbres sobreviven.
La mayor riqueza de nuestro país no son los índices económicos o las rutas estratégicas. Nuestra mayor riqueza tiene nombre y apellido y se llama pueblo panameño. La pregunta es: ¿Estamos prestando atención a lo verdaderamente importante? ¿Estamos priorizando nuestra educación? La respuesta no es un simple sí o un no. Se refleja en nuestro día a día y en el entorno en que vivimos.
Hoy, podemos afirmar con certeza que este grupo de 150 jóvenes hemos tomado acción, gracias a las herramientas necesarias con que nos dotaron para también luchar por una revolución educativa. A la juventud y a la ciudadanía, les digo: seamos agentes de cambio, asumamos el reto. Exijamos la educación que nos merecemos, nosotros, y las futuras generaciones. No esperemos a que un político resuelva problemas que podemos afrontar. Un día, el sol saldrá por el horizonte y nos sentiremos orgullosos por no haber esperado a que otro nos resuelva. Habremos logrado nuestro objetivo que, como ciudadanos, estamos obligados a cumplir, luchar por un mejor Panamá.
El autor es egresado del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana