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SALUD INTEGRAL

Educación sexual basada en evidencias

En un estudio reciente del Instituto Conmemorativo Gorgas (2015-2017) identificamos que más del 60% de los adolescentes de ambos sexos, entre 14 y 19 años, habitantes de zonas urbanas y matriculados en colegios públicos de Panamá, habían tenido relaciones sexuales. La mayoría inició su actividad sexual entre los 15 y 16 años.

Entre estos adolescentes se detectó una alta prevalencia de infecciones de transmisión sexual. Un 33.5% de las mujeres y un 10.1% hombres presentaron una (o más) pruebas positivas por VIH, clamidia, gonorrea, tricomonas y/o Mycoplasma genitalium. Esto, sin duda, constituye un problema de salud pública.

La salud pública es el campo que protege la salud de las poblaciones a través de investigaciones e intervenciones. La población adolescente está en una posición de riesgo en su salud sexual debido a aspectos biológicos, psicológicos, culturales, sociales y estructurales (incluyendo la educación y pobreza).

Por ello, hay que educarla. El contenido de la educación sexual ha sido algo muy debatido, pero mientras decidimos qué hacer, los adolescentes siguen llenando el vacío de conocimiento, aunque sea incorrecto, a través de la televisión, los amigos e internet. Los estudios científicos demuestran que cuando la educación sexual es implementada correctamente, aumenta la edad del debut sexual, disminuye el número de parejas y mejora la comunicación entre padres e hijos.

Todas las intervenciones en salud pública tienen que estar basadas en la evidencia científica, adaptarse a las culturas (urbana, rural, indígenas) y a distintas edades.

En este sentido, la sexualidad es especialmente compleja para intervenir debido a que contempla aspectos biológicos, psicológicos, sociales y estructurales.

Por ello, las intervenciones tienen que abarcar el hogar, la escuela y los medios de comunicación, y estar enfocadas en el desarrollo personal, las relaciones interpersonales, así como en los métodos de prevención de infecciones de transmisión sexual y del embarazo no planificado.

La autora es investigadora en el Instituto Conmemorativo Gorgas, estudiante de PhD en el London School of Hygiene and Tropical Medicine, y miembro del movimiento Ciencia en Panamá.


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