Hace poco vi un video donde se habla de que en la India están creando una escuela de la felicidad. En esta escuela los estudiantes elegirán su propia agenda de aprendizaje; las pruebas estandarizadas desaparecerán del plan de estudio; las aulas tradicionales darán paso a espacios de meditación, laboratorios para la creatividad, áreas de conversación para la colaboración, puntos de ventas minoristas donde los estudiantes podrán administrar negocios.
Para los fundadores de este nuevo tipo de escuela, la educación tradicional pasa por alto la felicidad personal y la inteligencia emocional. Aunque el video me suena mucho a movimiento de nueva era, me obliga a hacer una pregunta: ¿será posible crear instituciones que nos enseñen a ser felices?
En el presente, la búsqueda de la felicidad parece algo que no nos preocupa demasiado. La gente vive tan llena de prisas que de pronto no hay tiempo para ser feliz. Constantemente veo cuerpos juveniles entristecidos y me viene la nostalgia de los días idos cuando fuimos jóvenes y no le dimos tregua a la vida.
Suelo pensar que el pasado es mejor que el presente o que la vida sería mejor con más cultura o más educación; no estoy seguro de esta postura egoísta. Yo concibo la felicidad como un estado de gracia personal. Debo confesar que en el momento en que escribo estas líneas no soy muy feliz, pero eso podría cambiar mañana en un instante.
La felicidad es un estado mítico que te sucede en un momento y queda acuñado en los días hasta que llega la muerte. No recuerdo dónde leí que no es posible que veamos nuestra propia muerte. La muerte siempre nos sucede. Es posible ver y sentir la felicidad al menos una vez en la vida; eso también nos sucede.
No sé si sea posible gestionar una educación para la felicidad. Creo que la felicidad nos sucede en instantes especiales. Reconocer ese instante es ver su imagen y reconocernos a nosotros mismos cuando somos felices, quizás eso lo podamos enseñar al otro.