Élites dispendiosas o minorías despilfarradoras; la Real Academia Española define dispendio como “gasto, por lo general excesivo e innecesario”. En la televisión, un señor don Fulano de Tal, miembro de nuestras élites, despotricaba con denuedo, insistencia que se volvía arrogancia contra el Programa de Invalidez Vejez y Muerte de la Caja de Seguro Social, afirmando que dicho programa colapsará si no se aumenta la edad de jubilación y reducen beneficios, prestaciones, etc. Lucía costosa indumentaria, dejándonos ver bajo la manga un grueso reloj, mientras gesticulaba. Para mis adentros pensé, tal pieza vale más que lo que queda de mi jubilacioncita del Seguro como profesor de la Universidad de Panamá. Gracias al Todopoderoso, hice mi carrera profesional en el área canalera, permitiendo una vida digna a nuestra familia.
Para trabajar en la antigua Zona del Canal se requería mérito y no apellido - ¿será hoy así? -. Volviendo al tema, ¿cómo puede alguien cuya apariencia revela altísimo nivel económico, ordenar a los demás apretarse fuerte el cinturón? En Panamá, la brecha entre ricos y pobres aumenta, son décadas del deterioro de nuestra educación pública; lo cual no significa que las escuelas privadas mantengan una norma elevada, me consta como educador que llegan estudiantes de todos los estratos a las universidades, con deficiencias patentes en sus conocimientos científicos, artísticos, políticos e históricos.
¿Qué hacer ante tanta disparidad social? En nuestro querido país hay mucha gente trabajadora y esforzada cumpliendo su deber, ganándose la vida honesta mente, desde maestros y profesores consagrados, profesionales en entidades estatales o compañías privadas, dependientes en establecimientos comerciales, trabajadores manuales en todos los ámbitos, artesanos dedicados a mantener su calidad de obra, hasta el empleo informal.
Hace falta el control gubernamental que impida los márgenes de ganancia exorbitantes que se han apoderado de muchas industrias. Por mi profesión de arquitecto, sé que la edificación de viviendas y apartamentos muestra un desorbitado ascenso de valores, ultrainflados, que mantiene a las élites poderosas en sus nichos económicos de gran altura. Los precios de apartamentos y casas que las promotoras ofrecen, en asocio directo con el estamento bancario, son un verdadero abuso. Lejos están ya los tiempos en que una hipoteca era por 15 años, pagable por personas con salarios moderados para dar un hogar decente a su familia. Hoy, estos compromisos para jóvenes familias son por el doble de tiempo -30 años- a letras que superan el anterior modelo de 35% del ingreso familiar.
El régimen dictatorial populista anuló la calidad arquitectónica y urbana de los proyectos diseñados para atender a las grandes mayorías. Antes, en los años 50, al comenzar el desarrollo suburbano, profesionales bien preparados -en entidades públicas- ejecutaron diseños muy adecuados, el ejemplo de Betania viene a la memoria. Hoy día se hacen gigantescas playas de viviendas y torres anónimas, destruyendo el entorno, sin arborización o amenidades. Son espacios precarios -pero una mina de oro para sus promotores. ¿Y el Estado? ¡Bien, y usted! -no hay entidad que les exija calidad de diseño, costos razonables, y otros.
El autor es docente universitario
