Al igual que durante los más recientes Martes de Carnaval, esa tarde de 1968 me fui a la plaza 5 de Mayo a ver el desfile del Carnaval, el día con el mejor desfile de todo el Carnaval y en ese tiempo el mejor desfile de Martes de Carnaval en toda la República de Panamá. En esa época los carnavales eran una celebración popular en todo sentido, eran celebrados por el pueblo panameño sin distinciones de raza ni de posición social o económica y los disfrutaba todo el pueblo por igual. Se celebraba principalmente en las ciudades de Panamá y Colón, y los carnavales del interior eran más bien una celebración local, ya que no habían tomado el auge que alcanzaron después, cuando por la situación económica y política impuesta por la dictadura, los carnavales en la ciudad de Panamá decayeron, entre otras cosas, por las leyes que dizque para la protección del músico local impuso la dictadura militar.
Los carnavales de Panamá tenían unas particularidades curiosas que los hacían los mejores de todo el Caribe, venían los principales artistas de la región, ya que los comunistas de Cuba habían matado su Carnaval y este se mudó en gran parte a Panamá, por eso venían muchas orquestas del exterior, como la Sonora Matancera, los Billo’s Caracas Boys, Richie Ray y Bobby Cruz, Ray Barreto, Roberto Ledezma, la Sonora Santanera, hasta Frankie Lymon y muchas orquestas que tocaban en los centros nocturnos, desde el Club Unión en el Casco Antiguo, hasta los llamados “toldos” ubicados en el relleno de Barraza, en la vía España, cerca del hotel El Panamá, y en el área de Río Abajo, cerca de la Clínica San Fernando y también venían muchos artistas, cantantes principalmente, que eran contratados por los principales centros de diversión y por los toldos para que amenizaran sus bailes. Y ninguna de estas contrataciones significaba erogaciones para el Estado ni para el municipio.
En los toldos se bailaba toda la noche y era una experiencia muy singular, porque amenizaban las orquestas extranjeras y panameñas. Era una oportunidad de empleo para los músicos locales, ya que las orquestas extranjeras no venían completas, y después del Carnaval se llevaban para el exterior a los músicos panameños que llenaban sus expectativas.
El Martes de Carnaval era el día de los carruajes de lujo que llevaban a las reinas representantes de las principales colonias establecidas en Panamá, así como de las diferentes clases sociales de la ciudad. Recuerdo que la colonia china sacaba un dragón gigantesco que se contoneaba desde la cabeza hasta la cola y echaba candela y humo por sus fauces y la comparsa, enorme, danzaba al ritmo de las tonadas populares en esos días, con cadencia inconfundiblemente china. La colonia española hacía un desfile que me parecía estar formado por centenares de españolitas hermosas bailando flamenco al son de castañuelas, y nunca supe dónde las metían el resto del año. A su vez el Club de Yates y Pesca remolcó un yate enorme en el que Lucho Arcárraga y su grupo tocaba el órgano desde la popa del yate, a plena vista de la multitud.
Estando entre el gentío vi a un participante idéntico a Cantinflas y lo miré durante un rato largo hasta convencerme de que era Cantinflas, no un imitador. Cuando niño vivíamos frente a la piscina olímpica, hoy piscina olímpica Adán Gordón y mi mamá me contaba que Cantinflas iba a bañarse a esa piscina donde nadie lo molestaba y se le respetaba su deseo de anonimato. Así que pensé, definitivamente es Cantinflas y con la intención de saludarlo caminé hacia él. Entonces Cantinflas me vio, captó mis intenciones y como gran actor que era, con solo una mirada y un leve movimiento de su cabeza, me indicó que no me le acercara y así hice, porque inmediatamente le capté que quería continuar con su anonimato, total, eso era lo que le permitía disfrutar los carnavales de Panamá. Eso fue toda una actuación y captada por el público a quien fue dirigida.
El autor es ciudadano

