Nuestro mundo está enfermo de política. Para comenzar, si buscamos en internet la palabra política, encontraremos literalmente cientos de definiciones. Solo el diccionario de la lengua española tiene la friolera de 12 acepciones. Si queremos un poco mas de profundidad, Wikipedia incluye 31 descripciones sobre elementos relacionados con el desarrollo conceptual de la política, como el ejercicio de la función pública, de modo que las decisiones se aplican a todos los miembros de un grupo. Tal vez es por esa casi infinita gama de definiciones y conceptos que cada “político” hace lo que le da la gana y de allí la torre de Babel en que estamos.
Tan solo anoche, en un panel de opinión, escuché a uno de esos políticos crónicos decir que para él “la política es una oportunidad de mejorar él la vida de los ciudadanos”. Si no fuera porque a lo largo de su vida ha sido parte de un montón de grupos y partidos, de repente alguien le creería. Y, así como él, cada “político” a quien se le pregunta, tiene una explicación de la vocación al servicio público que ha marcado su vida y bla, bla, bla…. Pura verborrea emetizante.
Pero, a pesar de todas esas palabras rimbombantes, las acciones delatan las verdaderas intenciones de todo ese montón de impresentables que han decidido pegarse a la ubre del Estado para ver qué tanto pueden sacar. Lo que le pase al “pueblo” literalmente les importa un pepino. Entendamos que, cuando un político profesional llega al poder, lo único que le importa es lograr su objetivo (sea robar, imponer una idea o engañar a los votantes), de modo que puedan perpetuarse la mayor cantidad de tiempo. Por supuesto, que hay honrosas excepciones, que seguramente, si se cuentan con los dedos de las manos, nos sobren dedos. Esto provoca que la gente rechace cada vez más todo lo que le suene a política tradicional o de partido. Así, en la encuesta de esta semana en Panamá, el 51% de la población está dispuesta a apoyar a un independiente para presidente. Esto, a pesar de las trabas que han inventado para que sean los partidos los beneficiados.
Aquí en nuestro patio, con todas las peleas entre unos y otros, ya se percibe la cercanía de 2019 (en Panamá los “tiempos políticos” son más largos que una telenovela mexicana de los 70). Los partidos de oposición están viendo cómo se acomodan, y el gobierno nos pone hasta en la sopa, las fotos del supuesto sucesor elegido por “la cúpula del partido”, al punto que cualquier día me lo voy a encontrar barriendo la acera frente a mi casa. CD corre como gallina sin cabeza (la cabeza está en una celda en Miami), y el PRD se llena la boca diciendo que la captura de una banda de narcosgalleros es una persecución política, y que esperan se respete el debido proceso… (sí, leyeron bien, el partido que aplaudía los arrestos y la represión de Noriega ahora clama por el debido proceso). Y mientras tanto, todo ese pleque-pleque sirve para que perdamos enfoque de Don James, Odebrecht, el Metro y los 12 años para recuperar lo coimeado.
No sé si sirva de consuelo, pero lo que vemos en Panamá con estos politicuchos baratos ocurre exactamente igual en el resto del mundo. Sino, miren la que han armado en España, los “independentistas” catalanes. Hoy, debe estarse llevando a cabo una cosa que nadie sabe cómo llamarle, y que será excusa para que mañana digan que ganó el voto independentista, el martes declaren la independencia, el miércoles los metan a todos presos, el jueves haya un gobierno interino nombrado por Madrid, y el jueves haya más independentistas que nunca.
Pero en el fondo, nadie se engañe que este sinsentido sea para mejorar la vida de los catalanes ni la de los españoles. Es simplemente una artimaña política para mantener cuotas de poder, donde “el independentismo” es una alianza entre gente que se odian por principio y que saben que, mientras más radicales se pongan, más votos locales conseguirán, mientras que por el otro, un gobierno español que sabe que el resto del país está harto del catalanismo, y que es la oportunidad de garantizarse apoyos electorales con miras a futuro. Y, lo que le pase a los españoles, sean de un lado o del otro, no les interesa. Cada uno está a su agenda, mientras consiguen que todos hablen del govern, la generalitat, el president y el referéndum ilegal, olvidándose de la retahíla de escándalos de corrupción en que están metidos los partidos que gobiernan, tanto España como Cataluña.
Como es obvio, el problema es similar en todos lados. La fórmula tradicional de partidos políticos cuyas cúpulas hacen lo que les da la gana, al margen de sus bases y de la población, simplemente tiene harta a mucha gente, que ahora ha encontrado en la redes sociales una forma de hacerse oír, en lugar de seguir siendo convidados de piedra a un sainete donde son los mismos de siempre quienes nos toman por tontos. Amanecerá y veremos…
El autor es cardiólogo