Si hay un turismo muy competido en estos tiempos es el relacionado a los jubilados, ya que tienen un alto poder de compra y es un sector poblacional que siempre está en crecimiento. Ante esta realidad, Panamá ha tratado de ofrecer incentivos importantes a este sector, sean nacionales o extranjeros, para competir con países vecinos que han entendido muy bien la importancia de atraerlos a sus respectivos países.
Sin embargo, hay un problema. Algunos operadores y prestadores de servicios no acatan las normas y no dan los descuentos que por ley les corresponde a los jubilados. Nos referimos concretamente al sector de los pequeños y medianos hoteles, que de acuerdo a mi experiencia y en varias oportunidades, con el cuento de las “tarifas promocionales”, se niegan a dar los descuentos correspondientes.
El asunto funciona de esta manera: usted llama para chequear las tarifas y le dicen, por ejemplo, que son $120 por noche; cuando pregunta por la tarifa de jubilados, le contestan que la anterior es la “promocional” y que no tiene descuento, que la normal son $200 y que, por tanto, le saldrá más cara si pide el descuento que por derecho le corresponde. Todo un engaño. Por cierto, esta acción fraudulenta nunca nos ha ocurrido en un restaurante, que siempre y de buena gana respeta el descuento.
Ahora bien, esta actitud le hace una gran daño a Panamá como país, debido a que por esta razón pierde competitividad a nivel internacional, ya que muchos jubilados, al verse engañados, prefieren otros países.
Uno no termina de entender, si el sector turístico está teniendo problemas en general y el hotelero en particular por la baja ocupación, cómo es posible que se pierda la oportunidad de generar importantes flujos de visitantes y turistas por no cumplir con las leyes.
Menos se entiende que las autoridades responsables no se ocupen de supervisar y sancionar a los que están haciendo un gran daño al país y su gente.
Por cierto, algo similar está ocurriendo con los conciertos y otros tipos de eventos, que cuando se pide la tarifa de jubilados dicen que no hay, porque supuestamente es un espectáculo a beneficio de alguna institución. Otra forma de burlarse de las leyes sin que tengan ninguna sanción.
El autor es ciudadano jubilado
