En momentos de gran crisis nacional como la que estamos viviendo ahora, cuando frente a la macro corrupción de Odebrecht – que sin duda constituyó una organización criminal – la Procuraduría no logra que el Órgano Judicial dé curso a los casos, no es momento para aplicar el común deporte nacional de “la pelonera” (pégale a todo el mundo). Contrario a eso, hay que recurrir a nuestro espíritu nacional. Recordemos nuestra historia. Somos un país joven pero que en muchas ocasiones (la independencia; la Cruzada Civilista; la dictadura militar; la lucha por el Canal, que se inició el 9 de enero de 1964 con un acto de valentía institutora; la organización panameña del Canal; la expansión exitosa del Canal) hemos podido ser todos uno solo, y en forma pacífica hemos logrado todos nuestros propósitos
Tenemos además una historia rica en consensos nacionales en que toda la ciudadanía acordó la ruta para resolver grandes desafíos desde abajo hacia arriba: la legislación y reforma constitucional del Canal; la Visión 2020 (recientemente renovada a 2030) del país que queremos todos lo panameños.
Toda esa historia es nuestra manera de ver nuestra vida, y esta visión es fuente de inspiración y fuerza (¿qué otra pequeña nación como la nuestra ha podido negociar con el poder mundial y lograr sus propósitos sin disparar un solo tiro?).
Generación tras generación de panameños ilustres nos han venido hablando y orientando a través de la historia y han impregnado en nosotros el espíritu nacional del ser panameño. Con base en ese espíritu panameño tenemos que afrontar la crisis institucional que hoy amenaza a nuestra democracia y a nuestra nación.
Frente a las fallas de nuestro sistema judicial, los ciudadanos tenemos que inspirarnos en nuestra historia de activismo para, vía la presión de nuestra presencia en la calle, forzar la renuncia de los magistrados que pretenden con sus tecnicismos llevarnos a una escandalosa impunidad para los macroladrones (públicos y privados) de cuello blanco que comprobadamente, por confesiones de parte, han robado cientos y hasta miles de millones de balboas de un pueblo con problemas sociales inaceptables, que requieren de esos dineros para aliviar su futuro.
Para esta movilización persistente y permanente –sin liderazgos mesiánicos pero con la fuerza de nuestras convicciones individuales hechas colectividad– hay una sola bandera: ¡la tricolor nacional! No nos preocupemos por cuántos aparecen, fueron como 250 la primera vez, cerca de 4 mil el martes 31, y el jueves 9 podrían ser 5 mil... y así seguimos hasta ser decenas de miles, ¡y todo cambiará! Los nueve cortesanos saldrán en pisada y entrarán nueve nuevos sugeridos por la ciudadanía con el propósito de limpiar el Órgano Judicial y salvar nuestra democracia.
No tengo dudas de que el espíritu nacional es democrático, es honesto, y quiere borrar ese cáncer para nuestra nación que es la impunidad.
Luego de esta gran victoria de la ciudadanía nos dedicaremos a limpiar la política, y a que se elija presidente quien mejor programa y compromiso de cinco años tenga, siempre que se conduzca por la ruta del Panamá 2030, que es la visión ya acordada por nuestra ciudadanía.
¡Nos vemos en la próxima convocatoria: jueves 9 de noviembre!
El autor es fundador del diario La Prensa