INSTITUCIONALIDAD

Estimada CSS

No bien llegué en 2017, me confrontaste con que aterrizábamos en medio de tu devenir lo que no auguraba renacer alguno. Aunque las crisis las desataran administraciones anteriores, refutaste mi inocencia. Imbatible, presenciaste como no pocas de mis convicciones terminaron extraviadas en tus pasillos. Te debo enormidades por haberme liberado de mis errores. No encontré mejor manera de pagarte, escribí un libro, “Cómo gobernar”. Con semejante título, no te parecerá raro que todavía busque editor.

Aposté, estaría feliz cuando te dejara. Resultó otro extravío. En el intento de descubrir la receta del cómo domar a esa legendaria inmensidad de ocho décadas, terminé perdido en tu perfume de fierecilla.

Pareces gozar ante la visión fallida de cada galán impaciente quien promete redimirte esgrimiendo un centralismo iluso, en que el Complejo Arnulfo Arias y el interior se autogobiernan.

Féminas y alabarderos voltean la mirada al paso del pretendiente mayor. De piernas cruzadas, esperas que la escasez de herramientas para gobernar arredre su paso de vencedor.

Así, el centralismo mantiene una agenda interminable distraída en urgencias diarias o en pompas del poder, pero, desenfocada de lo sustantivo. Acaso no has visto ya reponer la farsa mediática en la que, el mismo poder que erotiza al jefe, te lo deja desnudo ante la indiscreción de cámaras y redes. Especialistas en leyendas negras saben que su entusiasmo inicial queda tocado al presentar como el gran pecado haber convocado militantes PRD.

Frondosos diagnósticos de feudos departamentales inconexos desenfocan una realidad institucional integral. Cómo entender tu alma sin modelos teóricos que desentrañen el pasado para aprehender un presente tormentoso. Para los asegurados, los recién llegados gobiernan el desastre, sin importar de quiénes lo heredaron.

Entenderás la necesidad de abandonar la poltrona de Clayton para vivenciar el resentimiento del asegurado hacia todos los funcionarios, por un terco desabastecimiento, mora hospitalaria, la insufrible espera en la atención, el retraso vergonzoso e inhumano de la Ciudad de la Salud, hospital de Changuinola o la reforma del de Colón, y las cinco torres del Regional de David.

Ante la variedad de problemas, hasta un estudioso director necesitará auxiliarse en eso que llaman equipo. Quizás no lo sepas, resultaría una ingenuidad intentar resolverlo sentando juntos a unos amigos de la amistad y a otros amigos del poder. Te haría reír cualquier director que pretendiera neutralizar con un memorándum el individualismo incrustado en nuestra naturaleza humana.

Sus hermanos Pancho, Daniel, Carlos, y otras mentes técnicas y políticas, podrán ser geniales como directores ejecutivos. Mas, resultaría ingenuo colegir que solo juntar una docena de historias divergentes hará emerger por generación espontánea esa herramienta poderosa de gestión que llaman pensamiento grupal.

Uno tras otro fuimos convencidos de la imposibilidad de que millonarios sistemas informáticos SAP, Zafiro, y otras decenas, no se comunican. Falso, en el Hospital de Salamanca sí lo hacen.

Todos tomamos distancia con una complicada reforma administrativa que nos negaría toda gloria. Proyecto este que, junto al multimillonario fraude en el pago de cuotas, resulta indispensable antes de pensar siquiera en modificar cuotas y edad de jubilación.

Una burlona y oxidada minivalla en la salida del Complejo anuncia “estamos modernizándonos”. Unos que creen que se trata de llenarte de computadoras nuevas, se burlan de ti, a quien nadie ha inculcado una cultura para gobernar apoyada en la ciencia y refuerce métodos débiles como la intuición o el ensayo y error.

Yo también confiaba que los equipos surgirían por generación espontánea. Otra inocentada ocurre con el macroproyecto de certificación de hospitales. Allí el director luciría plena competencia y erigiría confianza. Pero, anunciarlo sin mayor explicación ni fuerza hace perder el factor sorpresa y arriesgar devaluarlo antes de nacer.

Que por nueve años nadie haya actualizado el plan estratégico 2014 califica como indiferencia por ignorancia.

Mil gracias por habilitar estas experiencias a uno que, por creer saber, dio demasiados tumbos entre los mitos y verdades de tus entrañas. Siempre tuyo, Jaime.

El autor es  investigador social

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