Los panameños debemos sentirnos regocijados por la noticia sobre la liberación de los diarios La Estrella de Panamá y El Siglo de las restricciones de comercialización que les imponía la conocida lista Clinton.
Sin proponérselo, la inclusión en la lista vulneraba las libertades de prensa y de expresión.
Estas medidas ponían en peligro la existencia de uno de los periódicos más antiguos del continente americano, seguidores del periodismo tradicional, el periodismo a la antigua; el anterior al de la posverdad y del relativismo; el que informa respetando la verdad y expresa sus opiniones respetando las de los demás. Un periodismo en vías de extinción.
Hay periodistas que hacen a los periódicos, y hay periódicos que hacen a los periodistas. La Estrella de Panamá pertenece, históricamente, a ambos modelos.
Para no cometer omisiones injustas basta mencionar solamente al poeta y periodista Gaspar Octavio Hernández, quien falleció en su puesto mientras cumplía su tarea de escritor honesto en la redacción de ese diario, en donde trabajaba.
El diario original se inició en el año 1849. Fundado por norteamericanos, presentó diversos nombres, en inglés y en español.
Y en el año 1855 se publicó L’Etoile de Panamá, en francés; un caso excepcional en la historia del periodismo latinoamericano.
La Estrella de Panamá representa algo más que un periódico de larga vida. Ha sido y es una institución que simboliza la verdad como necesidad de la sociedad para su desarrollo pleno en libertad.
El autor es periodista.
