Con frecuencia me he preguntado cuáles son las instituciones menos eficientes del Gobierno. Cuando tramito en una dependencia pública y me atienden mal o percibo burocracia exagerada me digo a mí mismo que esa es la peor institución del Gobierno. Pero claro está mi experiencia particular no la puedo tomar como patrón para los más de 4 millones de panameños.
La pregunta es entonces: ¿Cómo medir o evaluar el grado de eficiencia de las distintas dependencias públicas? Podría realizarse una encuesta técnica con preguntas bien preparadas que produzcan respuestas que serían evaluadas por expertos. Y así sacar en conclusión cuáles son, en opinión de todos los panameños, las peores dependencias públicas.
¿Qué provecho tendría esta encuesta? La más importante sería que los gobernantes podrían identificar las fallas de las distintas entidades públicas y proceder a enmendar las mismas. Usualmente, los gobernantes escuchan las opiniones lisonjeras de las personas que los rodean. Igualmente desdeñan y no toman en cuenta las opiniones de las personas que identifican como opositores. Los medios de comunicación social deberían jugar un papel importante en esta materia, pero el sensacionalismo y el sesgo político impiden, en algunos casos, que dichos medios divulguen realidades objetivas y no distorsionadas o prejuiciadas.
Si hacemos un sondeo informal sin técnica estadística que lo respalde, obtendremos opiniones negativas de entidades que tradicionalmente han sido calificadas por el público como burocráticas. En esa categoría se puede clasificar a la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre y la Autoridad de Aseo, etc. Pero seguramente hay otras entidades que serían mal calificadas si se hace una encuesta técnica respaldada con preguntas bien confeccionadas. Considero que nuestro país ha evolucionado bastante y debemos tomar una actitud seria, responsable y madura frente a las críticas que se hacen, muchas veces sin conocimientos sólidos y otras veces con ánimo de hacer daño.
Hay que entender que actuar así no nos hace mejores, sino peores ciudadanos. Por eso exhorto a alguna entidad técnicamente capacitada para que efectúe una encuesta para determinar cuáles son realmente las entidades públicas que tienen fallas. Una vez se tengan los resultados, corresponderá al gobierno de turno analizarlos y enmendar lo que está mal.
El autor es abogado
