Los hechos, descubrimientos y denuncias con que somos sorprendidos cada día y cada década, producen escalofríos. No parece posible que seres humanos sean capaces de ocultar, planificar y ejecutar actuaciones contra sus congéneres, contra otros seres vivos y contra la madre tierra como los que estamos viendo o nos estamos enterando.
Causa estupor las actuaciones del presidente estadounidense. ¿Acaso el abultado endeudamiento del país norteamericano con la banca tienen que pagarlo pueblos inocentes alrededor del mundo?
La obsecuente y entreguista actuación de muchos gobiernos en América y Europa para con las actuaciones de gobiernos estadounidenses son vergonzosas.
La población mundial no acaba de reponerse de una estupidez o crisis cuando se suman otras. Plegarse sumisamente a las decisiones de otros países ofende la dignidad de los pueblos. No es posible que a un abogado extranjero se le permita introducir alegatos en el sistema judicial panameño ni que, criminalmente, se acuse a empresarios panameños, sin pruebas –caso Waked– perjudicando a miles de familias que quedaron sin trabajo ni acceso a lo más elemental para su subsistencia. Eso es criminal, eso sí es delito. El más próspero negocio es la guerra, mientras la crisis económica, ambiental y agroalimentaria se agudiza y Antonio Guterres –ONU– advierte sobre “la creciente amenaza neonazi en el mundo”.
La población mundial, pasada la Navidad y entrado el nuevo año, abriga esperanzas de cambios cansada de los tantos sufrimientos y penurias causados por grupos económico-políticos en una vergonzosa y criminal alianza.
Se avecinan elecciones en varios países americanos y en la gran Federación de Rusia, convertida en factor de equilibrio evitando una guerra nuclear. El liderazgo y la capacidad estratégica de Vladimir Putin y su equipo de gobierno pasarán a la historia en la construcción de un mundo multipolar. Todo indica que será reelecto el próximo marzo. La gran inquietud es cuándo se dará una nueva invasión a un país americano luego de la cuarta que se le dio a Panamá en 1989. Sigue vigente la cláusula De Concini como la infamia de la construcción de un muro en el territorio que le arrebataron a México y la promesa de retomar el Canal de Panamá, así como la desestabilización de gobiernos electos por sus pueblos; mientras, el señor Almagro calla. Estados Unidos cada día se aísla más con absurdas políticas y actuaciones internas como internacionales. La opinión pública mundial exige una explicación seria y documentada sobre estos temas. Todo descansa en documentos “clasificados” que ocultan muchas acciones o actuaciones que afectan la seguridad internacional.
Está demostrado que, con tratados o sin tratados, se impone la ley del más fuerte y, si no te agrada, te sancionan, te desacreditan, te estrangulan y te invaden. Tómalo o déjalo.
Trump dijo que no saldrán de Afganistán sin la victoria y Tillerson acaba de decir que “nos quedaremos en Siria indefinidamente”, no importan las muertes, destrucción y derechos de sus pueblos, reconfirmando la política de permanencia y tomas a perpetuidad o a 100 años, como los casos del tratado inicial y los terrenos de la embajada estadounidense en Panamá. Eso es justicia y práctica democrática, ¿o no?
El autor es periodista y analista internacional
