Sí, con mayúscula: Feria. Porque cada vez más, la gente dice “¿fuiste a la Feria?”, “¿vas para la Feria?” y se refieren solo a una: la Feria Internacional del Libro de Panamá, que cerró hace unos días sus puertas dejando en el aire el sabor de los reencuentros con los viejos amigos, las experiencias intelectuales de sus muchas y muy buenas citas culturales y, sobre todo, la sensación de que muchas cosas se están haciendo cada vez mejor.
A los muchos críticos de columnas de copia y pega y entusiastas de lo foráneo y sin ninguna línea para los escritores y la cultura nacional, solo les queda rabiar tinta ante los muchos aciertos de esta edición: un país invitado excelente como es Colombia, un maridaje equilibrado entre los nuestros y los invitados, un programa cultural con marcado acento sobre la poesía, menos “bestseleros” y más literatura, y un salón de escritores que alivió largas esperas y que propició excelentes encuentros. Y en medio, un Panamá negro que se consolida y que premió a nuestro querido Sergio Ramírez en el año de sus 65 años.
Se rindió homenaje a Cien años de soledad y todos volvimos a caminar por Macondo, celebrando el profundo legado de Gabriel García Márquez. Se rindió un merecidísimo homenaje al gran novelista panameño Justo Arroyo, al que hay que poner en las escuelas para que sea leído. Menos superventas y más literatura. Y, cómo no, acertado homenaje de la Cámara Panameña del Libro a Priscila Delgado, fundadora de la Cámara y de la Feria Internacional del Libro tal y como la conocemos hoy. En una muy sentida intervención, Priscila Delgado recordaba aquellos años de lucha por parir un proyecto que nos ha dado prestigio y gran reputación como país, propiciando un espacio de difusión de la literatura nacional.
Mirando los estands se constata lo que es un hecho: a más dinero, más grande, más publicitada y más concurrida la instalación. No es una crítica. Lástima que el tejido lector, sembrado desde la escuela con libros obsoletos o de calidad subterránea, termine por escorarse hacia lo fácil y lo conocido, incapaz de distinguir entre buena y mala literatura. Y esta es una crítica al sistema educativo una vez más.
Crítica destacada: la ausencia del ciudadano presidente de la República de Panamá, desdeñando la cultura. Excelente estrategia para mantener la ignorancia como una opción de gobierno de la mano de columnas en las que no aparecen los panameños creadores de cultura por ninguna parte. El ciudadano presidente, no sabe que la cultura aumenta el PIB, siglas que seguro conoce. Parece que sus entusiasmos van por otro lado, más materiales y menos sublimes que la cultura. Una lástima.
“El año que viene en Jerusalén”, recordé al anunciar Orit Betesh que el país invitado para 2018 será Israel. Allí nos vemos, en Panamá, en Jerusalén no lo sé, pero tendremos una gran oportunidad cultural para conocer la literatura de este país, cuyos ciudadanos viven entre nosotros desde hace tantos años. Decía Ortega y Gasset que no podemos amar lo que no conocemos, y cada Feria del Libro no es solo una fiesta, es también un punto de conocimiento que nos invita desde las letras a amarnos más, a amarnos mejor.
El autor es escritor