La República de Panamá recibe una precipitación media anual de 2 mil 924 litros por metro cuadrado, resultando 29 mil metros cúbicos de agua dulce per capita disponible, siendo Panamá un país impulsado por el agua, esto según el Plan Nacional de Seguridad Hídrica 2015-2050 del Gobierno Nacional. Por lo cual, la precipitación es la única fuente que abastece el agua potable que consume la población. La calidad del agua potable de los panameños sigue los parámetros del Reglamento Técnico DGNT-Copanit 23-395-99 del Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) de 1999.
Sin embargo, la gobernanza del agua en Panamá presenta una fuerte debilidad. Las aguas que consume la población panameña provienen de juntas de acueductos rurales y redes de agua potable que manejan empresas privadas. El agua en los centros urbanos es tratada por las plantas de producción de agua potable que manejan AES, la ACP y el Idaan, todas supervisadas por el Ministerio de Salud (Minsa).
El Reglamento Técnico Copanit define el agua potable como “aquella que se ajusta a los requisitos de calidad, apta para el consumo humano”, midiendo parámetros químicos, físicos, biológicos o radiológicos. No obstante, no se toman en cuenta, hasta el momento, los minerales y metales pesados. Estos pueden llegar a los ríos (fuente del agua potable) a partir de las explotaciones mineras, contaminación del suelo, la industrialización, los fertilizantes, insecticidas químicos, actividades propias del desarrollo de las sociedades actuales y de la interacción agua-roca. Adicionalmente, factores como el cambio climático, la deforestación, la pérdida de recursos naturales han aumentado la amenaza de minerales y metales pesados en los recursos hídricos.
El agua como disolvente por excelencia es portador de diversas sustancias tóxicas o no tóxicas para la salud humana. La falta de estudios y regulaciones en cuanto a metales pesados y minerales disueltos en el agua potable se refleja en una sociedad enferma a largo plazo, presentando enfermedades crónicas cuando las concentraciones sobrepasan los límites máximos establecidos por el MICI o la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Algunos metales son indispensables en bajas concentraciones, ya que forman parte de sistemas enzimáticos, como el cobalto, zinc, molibdeno, o como el hierro, que forma parte de la hemoglobina. Su ausencia provoca enfermedades y su exceso intoxicaciones. Arsénico, cadmio, cobalto, mercurio, níquel, plomo entre otros producen graves enfermedades en altas concentraciones: Alzheimer (aluminio), alteraciones hematológicas (arsénico), parálisis del sistema nervioso central (bario), daños renales (cadmio), trastornos del tracto gastrointestinal, hígado y riñones (molibdeno), problemas de corazón e hígado (níquel), daños neurológicos (plomo), calambres estomacales (zinc), esto solo por mencionar algunos de los muchos efectos sobre la salud. Entre los metales pesados más comunes en el agua potable está el plomo como producto de las tuberías. El plomo absorbido se distribuye en riñón, hígado, encéfalo, y huesos por semejanza con el calcio. El mayor depósito de plomo son los huesos hasta por 20 años, interfiriendo en la función del calcio e inhibiendo en la síntesis de la hemoglobina.
No todos los metales pesados son tóxicos en bajas concentraciones, como es el caso del selenio, el cual ha pasado en pocos años de ser considerado un elemento tóxico a atribuirsele notables beneficios para la salud humana. Desde funciones antioxidantes y de regulación hormonal de la tiroides a efectos anticancerígenos constatados. Sin embargo, el margen entre su toxicidad y su deficiencia es muy estrecho.
Formaciones como la hidrogeoquímica, ciencia que involucra la hidrología, la geología y la química, facilita las herramientas para la comprensión de las interacciones agua-roca. Por otra parte, los eventos extremos del clima, como sequías o fuertes lluvias pueden influir en las concentraciones de minerales y metales que se pueden medir en el agua potable, por lo cual estas pueden variar de una región geográfica a otra, dentro de un mismo país. Otros factores que pueden influir en las concentraciones de minerales o metales pesados son los sistemas de transporte del agua desde la potabilizadora hasta el grifo donde se sirve. Así como el material de construcción de los reservorios de agua potable en casas, edificios y residencias. Por lo cual, las fuentes de contaminación pueden ser diversas.
El agua es la fuente de vida de los panameños, por lo cual se hace imperante conocer el estado del agua que se consume diariamente. Regulaciones, estudios, laboratorios especializados y datos en tiempo real se hacen necesarios para la seguridad e integridad sanitaria de la ciudadanía.
El autor es geógrafo con maestría de hidrología e hidrogeología de la Universidad de la Sorbona de París.
