Los colombianos definirán el futuro de la paz el próximo domingo 17 de junio de 2018, fecha de la elección presidencial, para un periodo que se inicia desde el 7 de agosto de 2018 hasta 2022, y marcará el destino de la nación por los próximos 40 años.
Porque en la urdimbre política, lo que está en juego es:
1.Respetar los acuerdos de paz firmados en la Habana, y que gozan de constitucionalidad.
2.Fortalecer el debate político, para que la democracia se consolide en el respeto de las ideas y la pluralidad.
3.Reivindicar la Colombia profunda, la misma que por abandono del Estado fue vilipendiada y condenada a la violencia. Esa Colombia deben integrarla a la ciudadanía colombiana, y saldar esta deuda.
Una paz entendida en el más amplio de los sentidos, indica que es de todos y para todos los colombianos, que no le pertenece a ningún partido político ni mucho menos a los caudillos del momento, la paz como valor supremo debe garantizar derechos sociales fundamentales como educación, trabajo y salud, como condición previa para un mejor ejercicio de la libertad.
Los acuerdos de la Habana apuntan esencial y verdaderamente a los tres numerales anteriores; los colombianos deben recordar por siempre que no fue fácil llegar a una paz negociada y a un acuerdo justo con una guerrilla de más de 50 años que aceptó negociar, y un gobierno que brindó condiciones para propiciar un diálogo serio, en vista de que no podía derrotarla con las armas , y las FARC no podían tomarse el poder por la misma vía . Este hecho demuestra una profunda evolución en una sociedad que venía condenada a la guerra ; este hecho mereció el reconocimiento y acompañamiento de la comunidad internacional, que en muestra de lo trascendental, se le otorgó el Premio Nobel de la Paz al presidente Santos.
Logrado el acuerdo de la Habana, Colombia inmediatamente inicia una nueva historia, se abren espacios políticos de expresión que han permitido el desarrollo de un debate presidencial con mayor libertad, y defensa de programas e ideologías en un ambiente de democracia participativa y representativa de acuerdo con la Constitución de 1991.
Lo que ha logrado permitir un debate tolerante en los últimos meses en Colombia y las plazas públicas, que se volvieron a llenar como en la época de Jorge Eliécer Gaitán (1948) y de Luis Carlos Galán ( 1982).
La columna vertebral de cualquier programa de gobierno en este momento y la nueva política de Estado por sus próximos 40 años debe girar en torno a la paz, de ahí se deriva la polarización de este momento, que obliga a los colombianos a tomar partido, definiendo si prefieren apostarle a construir la paz o volver a una guerra sin sentido entre hermanos.
Llegó la hora de cimentar o dejar que hagan trizas los acuerdos de la Habana, eje fundamental para el ulterior desarrollo de Colombia.
El autor es escritor y analista político