No, no es una falta de ortografía ni es que piense tocar el tema de la pulcritud lingüística de nuestros políticos, que en las últimas semanas se han dedicado a intercambiar improperios contra todo el mundo en las redes sociales. No, el título se refiere a que, sin pretender retar la experticia del Tal Cual, La Llorona o de mi amiga Flor, son tantas las cosas que cabe comentar en este principio de año, que he decidido explorar el tema de las glosas. Repito, es un simple experimento, que muy posiblemente termine aquí, o quien sabe si hasta pudiera repetirse cada dos o tres meses. Como decía Caín en el libro de Saramago cuando le preguntaban si Dios sería tan malo como para hacer matar a su hijo: “pues el tiempo dirá”…
Otro enero, y otro discurso presidencial. Aunque lo de “otro” es relativo. Comenzamos con la enésima invocación religiosa de un acto oficial, como si en Panamá todos fuéramos católicos, apostólicos y defensores de pederastas, digo, y romanos… Alguien sugirió que se turnasen las invocaciones entre ministros de las diferentes iglesias que coexisten en nuestro suelo. Yo sugiero que se eliminen del todo, dejando las creencias en lo que deben ser; algo del ámbito individual y espiritual de cada persona. Así, cada quien pide o agradece a quien le apetezca.
Realmente, no me parece correcto calificar el discurso presidencial como bueno o malo. Lo más justo es calificarlo como suyo. Tradicionalmente, los discursos del presidente Varela, si bien transmiten buenas intenciones, se perciben poco naturales. El lenguaje verbal de “persona de paz” no corresponde con el lenguaje corporal de puño cerrado, ceño fruncido y mirada fija.
Un pequeño desliz de protocolo, cuando mencionó al párroco de la iglesia de San Antonio, antes que a los magistrados de la CSJ. Eso solo demuestra las prioridades.
Palabras más, palabras menos, en el contenido se repitió lo que ya escuchamos en los siete discursos anteriores. Que si la canasta básica, la renovación de Colón, las letrinas y el crecimiento económico de más de 5%, siempre medido por el PIB, sin mencionar la pésima distribución de la riqueza de que puede presumir Panamá. Ah, y la “lucha frontal contra la corrupción”, pero ya sin mencionar el nombre de aquella empresa brasileña que repartía coimas y donaciones a diestra y siniestra. En fin, nada nuevo.
Elementos novedosos, además de la ya célebre cita de Star Wars. El tenue toque a la “narcopolítica”, que por ser un tema tan serio, sería conveniente que alguien lo explicara un poco mejor. Y la justificada mención de las relaciones diplomáticas con China, que puede significar cosas interesantes para el país. Dije interesantes. El tiempo dirá qué tan buenas o malas terminen siendo. Y, por supuesto, la proeza de la clasificación para el mundial.
Como no podía ser diferente, se repitió el libreto de todos los políticos. Que los medios de comunicación solamente mencionen lo malo, mientras obvian lo bueno, es una cantaleta que vengo escuchando desde que tengo memoria. Lo que parecieran olvidar, es cómo disfrutaron de esas mismas “menciones de lo malo” cuando ellos eran oposición y el blanco de las quejas de los medios eran sus opositores. En aquel momento, los medios ejercían la “necesaria libertad de expresión” y de ninguna manera parecían exageradas.
Avanzaba el discurso, y demoraba la mención de la supermegamisa de la Jornada Mundial de la Juventud; que fue calificada como el evento global más importante de la historia de nuestro país. Aunque la inauguración de la ampliación a algunos pudiera parecernos más relevante, es potestad del presidente darle prioridad al que, sin duda, considera el acto más grande de su mandato. Esperemos que la logística del “Woodstock con rosarios” esté lista en un año. Porque por ahora, está verde.
Dos días después del discurso, un ciudadano como cualquier otro, que ha manifestado su intención de aspirar a la candidatura presidencial por el PRD, organizó un acto de partido, donde emitió su opinión sobre el discurso del presidente y la “actualidad nacional”. Esto no tendría nada raro, si no fuera por la desproporcionada cobertura mediática (casi de cadena nacional como en la época de Torrijos el militar) y por la virulencia con que respondieron a la opinión de Cortizo. El revuelo fue tal que el Tribunal Electoral terminó rompiéndose la cabeza para ver si fue o no “campaña política” (sospecho que ellos no lo tienen muy claro). Pero, como me dijeron el viernes, el acto sirvió para despertar del sueño eterno al fiscal electoral, funcionario que se daba por extinguido.
El 9 de enero habrá una marcha contra la corrupción que parece incomodar a los auditores de Frenadeso, quienes creen ser dueños de esa fecha. Ahora tendremos que pedir permiso para reunirnos ese día.
Y para terminar, como no puede faltar, la mandarina mecánica que vive en la Casa Blanca se pasó la semana haciendo pen…, digo, tonterías. Primero, estuvo con su alter ego coreano, midiendo quién tiene el botón nuclear más grande y potente y luego, pretendiendo prohibir la publicación de un libro, donde se presentan datos que lo pintan no muy bien de la cabeza. Como si hicieran falta libros para darse cuenta…
Y así terminamos las gloserías. Comenzando un año que promete ser muy, pero muy divertido.
El autor es cardiólogo