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AGRICULTURA

Gracias a Dios que se van…

Gracias a Dios que se van…
Gracias a Dios que se van…

El sector agropecuario tiene motivos dobles para celebrar: el primero es que ya tiene los días contados el estamento gubernamental que acabó con el agro y, el segundo, porque llegaron las lluvias.

No es que se quiera culpar al irresponsable gobierno del efecto de El Niño, pero sí son responsables de lo sucedido en este quinquenio, en el que el sector vivió en carne viva los efectos de un estamento gubernamental que prácticamente destruyó el campo, al estar configurado por funcionarios que posiblemente no sabían distinguir un pollo de un repollo.

El hecho de que se vayan no significa que no dejen el campo minado de trampas que debería sortear el gobierno entrante. A manera de ejemplo, nos referimos a los incentivos de fomento a la producción. Resulta ahora que en la Contraloría hubo un cambio de criterio sobre sus actuaciones anteriores y resulta que ahora, para respaldar lo que habían estado aprobando por años, requieren de un decreto ejecutivo para sus actuaciones futuras y que debe ser firmado por dos de los funcionarios más viajados de este gobierno. Esto es como la tapa del coco, entendiéndose que el coco crece en palmas y no en la tierra como la sandía. No podían irse sin dejar de darle al toro otra estocada.

Las lluvias recientes han sido un alivio para todo el sector agropecuario, por lo menos en algunos casos que han sido beneficiados por este fenómeno de la naturaleza, lo que permitirá salvar algo, pero no revivirá los animales muertos ni producirá la leche dejada de ordeñar. Importante aclararle a ciertos funcionarios que la leche no es que salga de las cajetas o envases, sino que la produce la vaca, y esperemos que sean de vacas panameñas. Demos gracias a Dios que las lluvias no fueron producto de una gestión gubernamental pues, si así fuera, las nubes se las llevaría el viento.

Quedamos a la espera de la tan ansiada recuperación del agro que algunos candidatos presidenciales cacarean y que prometen soluciones llenas de esperanzas. Unos saben más que los otros de lo que están pregonando, pero hay otros que posiblemente no estén tan versados en la materia y se les dificulte diferenciar una lechuga de una piña, pues solamente las han visto en la mesa. Hay que cuidarse de estos últimos pues, de seguro, nombrarían ministros y viceministros que estarían más interesados en viajar y firmar acuerdos intergalácticos que en resolver. Ciertos candidatos han prometido exponenciar el crecimiento del agro para el consumo interno de la producción nacional, como en escuelas, hospitales y centros de atención; también las exportaciones que son merecedoras de los beneficios de certificados de fomento, pero que esperamos sean reguladas para que estos incentivos le sean otorgados exclusivamente a los productores panameños, o a las empresas cuyos beneficiarios finales sean panameños, y no a los extranjeros. Ojalá sepamos elegir correctamente.

El autor es agroexportador


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