La historia de nuestra separación de Colombia registra tantos agravios, pero como reza el contenido medular de nuestro himno nacional, hemos olvidado esta página negra.
Pero en el caso del colonialismo que nos impuso Estados Unidos (EU), no puede desaparecer de nuestra memoria y solo con el sacrificio de muchos que derramaron su sangre, ello jamás puede pasar al olvido.
El título que encabeza esta crónica es referente al discurso del presidente Juan Carlos Varela en la recién celebrada Asamblea General de la ONU, es un craso error de su parte darle las gracias al expresidente James Carter.
Recuerde, señor presidente, que no fue un regalo la firma y aprobación de dichos Tratados Torrijos Carter, el 7 de septiembre en la OEA, luego de un plebiscito en el que el propio general Omar Torrijos salió a las calles de nuestra ciudad y del interior a a buscar los votos.
No somos ni seremos enemigos de EU, tenemos diferencias con sus distintas administraciones y como pueblo libre y soberano sí nos nace un reconocimiento de corazón al presidente Carter, quien con su aporte humanitario logró que los mismos fueran aprobados aun con la estrecha diferencia de un voto y con las variantes imperiales que le introdujeron, como fueron las enmiendas De Concini y otras que le dan derecho a intervenir a EU en caso de que peligre el Canal. Por eso dijo Torrijos que quedábamos bajo el paraguas del Pentágono. La derecha combatió y aún resiente la vigencia de dichos tratados, porque al lado de sus intereses deseaba que siguiera ondeando en Panamá la bandera norteamericana, y digo que no podíamos lograr un tratado en la medida de la totalidad de nuestros propios intereses porque entonces hubieran continuado los conflictos entre panameños y las autoridades canaleras, todo o nada, era irreal.
Finalmente, en cuanto a la objeción que le hago al presidente al regatearle el legítimo nombre a los Tratados Torrijos Carter, hubo ante el mundo un grado de demagogia en el contenido esencial de su discurso al puntualizar que muchos de los problemas sociales en nuestro país habían sido resueltos, lo cual no es así, porque aquí la miseria y el hambre se han incrementado, lo mismo en la educación y la salud, y para qué hablar de otros.
El autor es abogado y periodista