El médico endocrinólogo nacido en España y brillante intelectual que vivió una época muy álgida para su país, que simpatizó con la Segunda República y luego se decepcionó ante tantas corrupciones, no ocultó su total desacuerdo contra el franquismo y el mismo Franco, el dictador, para más claridad, condenado por la historia como aliado del nazifascismo.
A Gregorio Marañón lo respeto por su elevada estatura intelectual. Traigo a mi memoria algunas lecturas de mi juventud sobre este destacado médico español, especializado en ese conjunto de glándulas en el ser humano, la endocrinología, que pese a su gran sapiencia, mantuvo una ejemplar modestia hasta el fin de su existencia.
Gregorio Marañón viajó y se destacó en todas sus exposiciones y en sus obras en Francia y otros países, se le reconocieron sus méritos, disintió de los comunistas españoles que habían perdido su imagen moral con los cuales simpatizó largamente y tomó el camino del liberalismo progresista y avanzado.
Claro que esa izquierda que adversó Marañón después de haber simpatizado con esta en el tiempo, y ya Marañón involucrado en el liberalismo, se superó, y tras haber terminado el régimen de Franco y en los días actuales la monarquía española, de la cual han salido a flote conductas corruptas de la familia monárquica, nos encontramos con una España en crisis y en un mar de corrupción en todos sus partidos políticos en el que algunos de sus dirigentes han ido a parar a la cárcel.
Nada positivo se puede esperar en estos momentos en que la Unión Europea está vuelta pedazos, incluyendo a los políticos o gobernantes españoles, que en su turno cada uno ha sido motivo de grandes escándalos, comenzando por los llamados populares, antiguos demócratas cristianos, tan desprestigiados cuando han tomado el timón del Estado
Esa llamada envoltura de demócratas cristianos, llena de toda clase de hipocresías, y me atrevería a asegurar de lo que he leído sobre la pretendida doctrina, cuyos afiliados más destacados dicen creer en Dios, pero Dios no cree en ellos.
El vacío ideológico que hoy vive España, y me atrevo a decir que gran parte del mundo occidental, necesita del pensamiento de Gregorio Marañón, científico y humanista, que demostró con su vida y su trabajo, que la tarea del investigador no termina en los laboratorios, sino que continúa en la sociedad.
La inclusión de doctrinas religiosas en los asuntos públicos nos devuelve al oscurantismo, y desconoce que el fanatismo religioso es anatema de la democracia, como siempre recordó Gregorio Marañón.
El autor es abogado y periodista