Según el censo de 2010, un cuarto de la población panameña está conformada por uno de los activos más importantes para el desarrollo sostenible de un país: la juventud. Es decir, que si de los jóvenes dependiese que nuestro país tuviese un desarrollo científico y tecnológico que impacte de manera positiva en la economía y en la sociedad, Panamá tendría mucho potencial de crecimiento.
En los últimos años se ha percibido en los centros de educación superior de nuestro país la necesidad de promover entre los jóvenes la importancia de las carreras científicas y tecnológicas y el interés por la investigación e innovación. Lastimosamente, lograr la inclinación de estudiantes por este tipo de carreras no es una tarea sencilla, sino algo que requiere de mucho esfuerzo y trabajo, donde la estimulación suele ser un factor determinante.
Existen en Panamá soluciones interesantes con resultados muy importantes que promueven entre los jóvenes el interés por la ciencia y la tecnología. Tal es el caso de los campamentos científicos y tecnológicos, los concursos de robótica, el programa Jóvenes Científicos y la Feria del Ingenio Juvenil, organizados por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación-Senacyt y el Ministerio de Educación-Meduca. Sin embargo, la labor de motivar al joven es un proceso continuo y permanente, y es nuestro deber como docentes universitarios estimularlos, no solo para sembrar la “semilla del interés” por la ciencia y la tecnología, sino también para que la misma produzca frutos.
La participación activa de las universidades en la educación preuniversitaria podría ser un complemento esencial a los enfoques tradicionales de aprendizaje de la ciencia y la tecnología en el aula. Esto podría ayudar a elevar la educación científico-técnica como una prioridad nacional y crear una amplia cartera para una fuerza de trabajo educada en las profesiones científicas y tecnológicas.
La autora es ingeniera electrónica, docente universitaria investigadora y miembro del movimiento Ciencia en Panamá.