La Organización Panamericana de la Salud (OPS) anunció recientemente que “avanzar la cobertura y el acceso a la salud universal en la región de las Américas, eliminar enfermedades transmisibles y reducir la mortalidad por enfermedades no transmisibles”, son algunas de sus prioridades para los próximos cinco años. Son palabras mayores, por lo que es un imperativo reflexionar sobre cómo estamos en Panamá y lo que tenemos que hacer, mantener y fortalecer lo que hemos logrado en estos años en el sector salud para mantener el impulso y asegurarnos de que nadie quede atrás.
Inicio subrayando que el desarrollo de un sistema de salud como el que queremos, que incorpore intervenciones multisectoriales, introduciendo la cobertura universal de salud para mejorar la salud y sus determinantes, requiere de recuperar nuestros valores, hacer justicia efectiva en los casos de clientelismo y corrupción denunciados a diario en los tres poderes del Estado. No menos importante es acabar con la desigualdad e inequidad de todo tipo en medio de un crecimiento económico que ha beneficiado principalmente a la oligarquía gobernante y sus aliados, como lo demuestra la distribución de la pobreza multidimensional en el país.
No obstante, aún en medio de ese desfavorable contexto, Panamá tiene una tradición de salud pública que le permite mostrar indicadores de salud aceptables y mantener sus logros. Veamos a continuación los que considero más importantes, así como los desafíos pendientes.
Lo primero y más importante es que luego de un amplio proceso de consulta, análisis y construcción colectiva de consensos y acuerdos, contamos con un documento marco, el “Libro Blanco”, para transformar y mejorar el sistema público de salud. Especial importancia tendrá superar las debilidades de cada institución, así como la segmentación y fragmentación de nuestro sistema de servicios de salud y el fortalecimiento de la capacidad del Minsa para ejercer la rectoría y sus funciones como autoridad sanitaria, lo cual es una falencia reconocida.
Lamentablemente, el progreso ha sido muy limitado, como lo reconoce la propia Comisión, y propone que las próximas autoridades se “comprometan a dar continuidad al proceso de transformación del sistema”. No obstante, deben obtener ahora el apoyo necesario del Ejecutivo para por lo menos fortalecer en este último año la capacidad de resolución de cada institución de salud, a la vez que se crean los marcos organizacionales y legales que favorezcan la futura unificación.
En el área de las enfermedades no transmisibles, principales causas de muerte y discapacidad en Panamá, se inició el desarrollo conjunto de un modelo de atención centrado en las personas, basado en la atención primaria de salud y el fortalecimiento de la promoción de la salud, lo cual comienza a dar frutos a través de las actividades del Censo de Salud Preventiva. De mantenerse la estrategia, lo cual espero, debe garantizarse la detección, el seguimiento y la atención de las personas con problemas, y fortalecerse la coordinación multisectorial involucrando alcaldes y líderes locales en el abordaje de los determinantes sociales de la salud. No menos importante será fortalecer las intervenciones para evitar las lesiones y muertes por accidentes y violencias de todo tipo: Es un grave problema de salud pública que requiere de mayor apoyo del gobierno y la población.
Estoy seguro de que me he quedado corto en logros y falencias, por lo que invito a las autoridades a reflexionar sobre nuestra posición real. Lo cierto es que a pesar de los avances, persiste la falta de acceso universal a servicios de salud de calidad, calidez y equidad, y hay que redoblar los esfuerzos para alcanzar los objetivos que acordamos.
El autor es ciudadano