Salve, bandera de la Patria, radiante de luz y de esplendor.
¡Salve, pendón glorioso, obra de la justicia y el derecho, paradigma de la libertad y ofrenda sublime de compromiso cívico de todos los instantes! Tu figura emblemática se acrecienta y se afirma en la conciencia nacional.
¡Salve, lienzo sublime, símbolo de la patria profunda, que condesa sus raíces históricas e impulsa su destino hacia horizontes superiores! ¡Unificas las fuerzas morales y políticas de cuantos han nacidos y nacerán en estos sacratísimos lares bendecidos, donde fructifica la paz y se sienta el amor!
Contemplándote en grada de honor, hay un vibrar de los resortes espirituales, que nos hace sentir ufanos de la majestad de que estas investida como símbolo de nuestra independencia, soberanía y nacionalidad, de cuantos constituimos la nación orgánica.
En el recorrido del hombre por los vestíbulos de la historia eres y serás el monumento glorioso mas hermoso, sagrado y trascendente que el ingenio humano pudo haber erigido e idealizado para promover la unidad de hombres y pueblos que reverencian en ti los fueros de la República, exaltando a la Patria siempre joven y grande.
Cuando en el infinito azul tremolas jubilosa, percibese un mágico fluir de suaves cadencias que diseña la brisa, proyectándose magnifica poesía en movimiento, de exquisita riqueza que nos extasía y nos torna absortos ante el imponente y subyugante, además que nos señala los mandamientos del civismo.
¡Salve, lábaro inmaculado, hace más de una centuria que bajo tu sombra augusta nos sentimos protegidos, sintiéndose la marcha del país estimulada por tu magna presencia, por cuanto eres la musa sin par que nutre la Patria, fortaleciendo el espíritu nacional y sentimiento a nuestro discurrir terreno!
Espléndido estandarte, provee de dinamismo nuestro quehacer patriótico, de valor cívico para enfrentar los desafíos que plantea la vida y fortaleza moral para acometer con fe y tenacidad nuestros caros esfuerzos.
Desde los santuarios de nuestros hogares hacemos profesión de fe en ti, tricolor insigne, por cuanto constituye la epopeya mas gloriosa de nuestro acto de independencia y tu presencia se traduce en lámpara votiva del porvenir de nuestra República.
En nuestra marcha todo nos habla de ti; la montaña con su pantalla de encendido verdor y ricos aromas; el río que baja pujante, ruidoso y cantarín, con su grueso caudal de vida y fertilidad; la resina al despertar del alba en simbiosis con los cañones de perfumadas esencias de luz, oro y plata del astro rey; la tarde matizada de celajes y arreboles, con sus colores y luces plenos de ternuras y encantos.
Patrio pabellón, tus hijos te sueñan, te cantan; quienes están en los recintos escolares, te sienten y te piensan; el labriego que se inclina sobre el surco nuevo redentor, te musita en cada siembra, un salmo de amor por tu vigencia eterna.
¡Bandera de mi Patria, bendita por siempre seas!
El autor es profesor jubilado