¿Están los jóvenes preparados para el mundo productivo? ¿Tenemos el perfil necesario para ser competitivos a nivel global? Las tasas de desempleo juvenil en Panamá se encargan de responder la interrogante.
Es irresponsable seguir educando con un sistema del siglo XIX, en espacios desfasados del siglo XX, a estudiantes del siglo XXI. Nuestra cruda realidad es que la educación integral es una asignatura pendiente en el sistema educativo panameño. Ni hablar de la calidad educativa. La comunidad educativa de las escuelas públicas está presa de una administración deficiente, burocrática y probadamente ineficaz. Los propios docentes son víctimas del sistema.
Ya es un hecho de la vida que se hace indispensable manejar al menos dos idiomas. A pesar de enseñarse inglés desde primaria, muchos egresados de escuelas oficiales solo recuerdan el verbo “to be”. Nuestras universidades ofrecen clases de inglés en algunas carreras, casi como requisito de forma. El mundo productivo exige habilidades blandas, pensamiento crítico, creatividad, innovación, educación financiera y destrezas en el uso correcto de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
Es evidente que los panameños recibimos una formación insuficiente para el crecimiento del 5.2% proyectado para este año. No sirve de nada el crecimiento de nuestro país en la última década para lograr el desarrollo y la prosperidad de sus habitantes, si desde la escuela les cortan las alas.
¿Qué opción damos a nuestros estudiantes sobresalientes? Becas. En teoría, es una oportunidad que puede cambiar vidas, pero ¿Se conocen los criterios de evaluación utilizados? ¿Qué perfil tienen los elegidos para estas oportunidades? La falta de transparencia en los procesos deja un mal sabor en la boca para quienes buscan un mejor futuro y la educación integral de la que tanto hablan. Es un imperativo la rendición de cuentas de las instituciones que ofrecen oportunidades de estudio a los panameños.
Mientras tanto, en aulas repletas, con escuelas que en muchas ocasiones no cuentan con los recursos para hacer correctamente su trabajo, palpita al unísono el corazón de una niñez y juventud ávida de cambiar su realidad. Nadie tiene derecho a robar sus sueños desde la cuna. Por décadas, el silencio cómplice de muchos ha permitido este fratricidio formativo de hermanos panameños. Es hora de alzar la voz…
Se acerca un periodo electoral: no aceptemos discursos ambiguos, políticamente correctos y sin sustancia. Es hora de que a la educación se le dé el lugar que merece. Como dijeron en Colombia, “si tu candidato no habla de educación, cambia de candidato.”
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación