La coyuntura que vive el país actualmente es muy preocupante. Por un lado, los diputados, los primeros llamados a cumplir la ley -porque son quienes las hacen y aprueban- la desobedecen sin atisbo de remordimiento. Por desagradable que puedan ser algunas decisiones de la Corte Suprema, es incuestionable su cumplimiento. No nos queda más que criticar y objetar su legitimidad, pero convertir sus mandatos en letra muerta es articular en contra del Estado de derecho. Y los diputados lo saben mejor que nadie, pero sus insatisfechos apetitos políticos promueven la inestabilidad. Esa misma que ayer todos vimos horrorizados en Colón. ¿Qué ejemplo recibe nuestra juventud de esos que actúan con desapego a la ley? Cientos de personas se lanzaron a asaltar negocios, a vandalizar bienes del Estado, a irrespetar la autoridad, a rebelarse contra la ley. Ese es el ejemplo que también transmiten nuestros políticos. Si en Panamá hubiese respeto por la institucionalidad, seguramente la violencia común de los últimos dos días no hubiese sido tan grave. Pero no hay modelo a seguir, solo el que nos ofrece nuestra nada edificante clase política.
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14 mar 2018 - 05:00 AM