La tensa situación de las relaciones diplomáticas entre Panamá y Venezuela no ha sido el resultado de un capricho o de una medida improvisada. Es el producto de un proceso de acumulación de irregularidades y abusos de parte de los altos jerarcas del Gobierno venezolano, frente a los cuales la comunidad internacional ha tenido que reaccionar. Suiza fue el primer país que estableció restricciones financieras a la camarilla chavista y al círculo cero del régimen de Nicolás Maduro. Esas acciones regulatorias sobre el sistema financiero fueron debidamente sustentadas y compartidas con otros centros financieros, como el panameño. El Gobierno Nacional actuó dentro de sus potestades constitucionales y de la normativa legal vigente.
Otros países, como los de la Unión Europea, han tomado medidas mucho más estrictas que las panameñas. Las bravuconadas de Caracas solo profundizan el dolor y el pesar del sufrido y martirizado pueblo venezolano. Panamá ha actuado con suma cautela y ha respetado la práctica diplomática en su relación con Venezuela. El saneamiento y la reputación de nuestro centro financiero y nuestros servicios internacionales, dependen de un esfuerzo permanente por parte de las autoridades para prevenir el blanqueo de capitales, sobre todo si esos fondos provienen de las arcas públicas de un país hermano. Hoy más que nunca, Panamá y Venezuela están unidas.