Los diputados de todas las bancadas emprendieron periplos de “trabajo” y extensas jornadas de travesías por los cuatro puntos cardinales del orbe. Se han gastado la friolera de 2.1 millones de dólares en pasajes y viáticos. Hubo viajes de grupos de colegas que visitaron Rusia, diputadas amigas que arribaron a Islandia por dos días, con pasajes que costaron 17 mil dólares. Además, una pareja de afortunados diputados, de diferentes bancadas, viajó a diversos continentes, sin claridad de los fines públicos de dichas visitas. Ese es el mismo cuerpo legislativo que se niega a publicar sus planillas, en las que dispusieron de decenas de millones de dólares de nuestros impuestos, para sus nombramientos, y que en algunos casos el dinero terminó en sus bolsillos. Entre ellos también los hay que destinaron dinero a empleados de sus empresas. No hay duda de que esa cantidad de dinero destinado a viajes es una grosería, tomando en consideración que este no es ningún país rico -cosa que podría ser si no hubiese tanto político corrupto- y que las necesidades del pueblo que ellos dicen representar son enormes. Pero es evidente que puede más el afán de hacer turismo con nuestros impuestos.