Hoy por hoy

El incendio que ocurre en el Amazonas, pulmón de nuestro planeta -genera el 20% del oxigeno de la tierra-, es de proporciones apocalípticas. Esto, en un mundo tan contaminado y ambientalmente frágil, es casi equivalente a cortar la cuarta pata de una mesa. La tragedia es colosal desde cualquier ángulo que se vea. Las emisiones aportadas por la combustión masiva de material orgánico hará un depósito a largo plazo en la cuenta del calentamiento global. El presidente de Brasil, sin aportar una sola prueba, culpa a las ONG’s de causar deliberadamente los incendios, en venganza por el recorte de fondos decretado por su gobierno. La política medioambiental de Bolsonaro ya hizo que varios países europeos suspendieran la cooperación al Fondo Amazonas, y el presidente de Francia acusa a su par de mentir sobre sus compromisos ambientales.Tal vez debamos preguntarnos ahora, ¿estamos los panameños aprendiendo algo de todo esto? Nuestra selva del Darién, cada vez más intervenida, no está exenta de sufrir daños de proporciones semejantes. La forma como sea gestionada la crisis en Brasil y la respuesta de la comunidad internacional debe importarnos. Si no estamos preparados para enfrentar algo como esto, es útil saber al menos qué se necesita para hacerlo.Debemos romper con el círculo vicioso de la improvisación.

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