Vivimos en un mundo dominado por las redes sociales, que funcionan simultáneamente como plataformas tecnológicas y medios de comunicación. Facebook es quizás la red social más influyente del planeta, y su dominio comercial es casi total en su mercado. Los cuestionamientos sobre las prácticas de la empresa y su vulnerabilidad a la manipulación por intereses políticos o económicos, la predispone a ser objeto de críticas por el poder que tiene la influencia que ejerce en la sociedad. Las redes sociales necesitan más transparencia y un ejercicio más comprometido con la autorregulación para evitar convertirse en plataformas de odio y desinformación. No es fácil hacerlo, ya que debe existir presunción en favor de la libertad de expresión y de información y en contra de la censura. Así como el agua con cloro contribuye a la salud, el cloro por sí solo es tóxico para la vida. Igualmente, las redes sociales gestionadas responsablemente son vitales para las democracias del mundo, pero si son dominadas por el fanatismo, las noticias falsas y los call centers terminarán envenenando a las sociedades. El reto está, ahora toca actuar.
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20 mar 2018 - 05:00 AM