El ejercicio del poder público conlleva importantes responsabilidades, quizás la más vital, la de rendir cuentas por las acciones realizadas. En el caso de la presidenta de la Asamblea Nacional, se vienen acumulando decisiones judiciales y peticiones administrativas de distintas agencias del Estado, que no están recibiendo la respuesta apropiada por parte de la autoridad máxima del Órgano Legislativo. En esta época de transparencia y de expectativas ciudadanas sobre la rendición de cuentas de los funcionarios, la actitud de la diputada Yanibel Ábrego manifiesta silencios y evasivas que van entretejiendo una muralla de complicidad preocupante. Es harto conocido el festín de cientos de millones de dólares en el que participaron los diputados en el gobierno pasado, al igual que las decenas de millones que han sido identificados en la actualidad como destinados a supuestas donaciones y servicios personales irregulares. De esto último, la Asamblea ha evitado cooperar y difundir la información que corresponde. La conclusión solo puede ser una: los diputados quieren ser impunes, y su presidenta encabeza ese inmoral esfuerzo.
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23 mar 2018 - 05:00 AM