Aunque se puede pensar que ya se ha dicho y se ha visto de todo en la Asamblea Nacional, el espectáculo del día de ayer en el pleno alcanzó nuevas profundidades. Durante el segundo debate del proyecto de ley de imprescriptibilidad de los delitos de corrupción, los diputados presentes hacían gala de su supuesta honestidad e integridad en sus discursos, mientras emplazaban, exhibían y regañaban a los valientes ciudadanos que respaldan la iniciativa legislativa. Los diputados convirtieron el recinto en la arena de un coliseo romano y estaban dispuestos a devorarse, con sus exigencias y patanerías, a la buena voluntad de la sociedad civil. Es obvio que les incomoda la participación ciudadana. Panamá es un país con un pueblo sumamente noble, que no se merece ese irrespeto de parte de aquellos que necesitaron nuestros votos y de nuestros impuestos para sus cargos, y se portan como verdaderos gamonales y señores feudales. Si tuvieran argumentos los hubieran esgrimido, la verdad es que como no tienen la razón, solo les queda recurrir a la batahola de tropelías y altanerías que los desenmascara una vez más.
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29 mar 2018 - 05:00 AM