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Hoyporhoy

Las confesiones escabrosas de la clase política panameña son abrumadoras. El presidente del partido oficialista y el secretario general del principal partido de oposición, ambos diputados, intercambiaron insultos y recriminaciones que confirmarían lo que había sido un secreto a voces: el presunto uso de recursos públicos en las elecciones internas del PRD.

La breve lealtad que la generosidad de nuestros impuestos consiguió a favor del gobierno de turno se convirtió en una adicción a la que hay que proporcionar más droga, si se quiere mantener el afecto. El narcótico de marras es el presupuesto general del Estado. He allí la razón de la falta de medicinas, del pésimo estado de las carreteras y de algunas escuelas, de las violaciones a la ley de carrera judicial, y de la carencia de servicios públicos de calidad.

Los gobernantes se enfrentan al dilema de seguir satisfaciendo a diputados y otros grupos de interés, o de una vez cumplir con las necesidades de toda la población y el bien común. Ese es el gran secuestro del que todos somos rehenes.

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