Cuando los empresarios asumen cargos públicos, sobre todo si estos son de elección popular, existe el riesgo del conflicto de interés. Este parece ser el caso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien desde antes de asumirla máxima magistratura de su país mezcló asuntos de negocios con los temas de Estado. Todo indica que esa práctica continúa, y así la controversia legal entre dos empresas estadounidenses por el control de un hotel ubicado en Panamá puede convertirse en un tema de política de Estado. Panamá y Estados Unidos tienen las mejores relaciones diplomáticas, políticas, económicas y culturales, por lo que lo razonable sería esperar a que los tribunales panameños actúen en conformidad con la ley. El Gobierno de Panamá no tiene arte ni parte en ese caso. Pretender que la influencia o las amenazas veladas hacia nuestro país son la vía para obtener un resultado judicial favorable es un irrespeto al Estado de derecho, y un desconocimiento de los principios y valores representados históricamente por el pueblo y el Gobierno de Estados Unidos. La diplomacia panameña debe ser firme en defender lo justo y lo legal, porque los conflictos de intereses siempre son malos consejeros.
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10 abr 2018 - 05:00 AM