Cuba inició un nuevo capítulo de su historia política. La ratificación unánime de Miguel Díaz-Canel, en la víspera de su cumpleaños 58, como nuevo jefe de Estado de ese país, cierra la saga de los hermanos Castro. Está por definir si el castrismo será posible sin ellos y si un fanático de The Beatles, que nada tuvo que ver con la Sierra Maestra, será el fin o la continuación. Solo hay dos rutas posibles: la de mantener el régimen cubano como sus antecesores, o la de iniciar un necesario proceso de reformas económicas y políticas que lleven a la isla por derroteros de bienestar y libertad. No hay nada en los antecedentes de Miguel Díaz-Canel que justifique la esperanza, como tampoco lo había en la biografía de Mijail Gorbachov. La opción es clara, ser un dictador o ser un demócrata. Después de 60 años, la conclusión del gobierno de los hermanos Castro debe ser un momento de profunda reflexión para América Latina sobre el valor de la democracia y el alto costo de las oportunidades perdidas. Cuando la corrupción y las tiranías se apropian del Estado, los ciudadanos se convierten, de una forma u otra, en esclavos.
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20 abr 2018 - 05:00 AM