Ayer, un hervidero de diligencias, órdenes de conducción e indagatorias resucitó a la luz pública dos de los casos más emblemáticos de corrupción y manipulación de nuestro sistema financiero:Financial Pacific y Odebrecht. Después de fallos favorables tanto en la Corte Suprema de Justicia como en el Segundo Tribunal Superior, y la asistencia judicial canadiense, el Ministerio Público tiene el tablero despejado para mover sus fichas. Son los fiscales los que deben demostrar con sus actuaciones que la intención de combatir la corrupción es real e imparcial. Recordemos que Odebrecht está en el país desde el gobierno de Martín Torrijos, y que algunos de los vinculados a ese escándalo también tienen relaciones con el actual gobierno. Por su parte, Financial Pacific nos ha dejado el mal sabor de boca de la improvisación, la manipulación, y el recuerdo de piezas procesales extraviadas del expediente, todo lo cual huele a impunidad. Sobre los hombros de esos fiscales y sus equipos de trabajo queda la responsabilidad histórica de hacer la diferencia. El Ministerio Público tiene que confirmar que valió la pena la espera y el sacrificio.
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26 abr 2018 - 05:00 AM